“Ningún prospecto debería costar un millón de dólares”, sentenció una vez el conocido scout Andrés Reiner durante una exposición.
Y luego entró en detalles. Habló del impacto que eso tiene para un joven y como por lo general termina afectando su concentración.
Los Yanquis pensaban igual que Reiner en 1991, al escoger a Brien Taylor en el draft del beisbol amateur. Y ofrecieron 300 mil dólares.
Pero la reciente negociación del prospecto Todd Van Poppel con Oakland había establecido un precedente y Scott Borras quería más.
Después de varias semanas de negociaciones, Taylor recibió 1.55 millones y se unió a los Yanquis, quienes lo enviaron a Clase A alta.
Taylor era quizá el mejor prospecto que el beisbol colegial había mostrado en la historia. Sus 213 ponches en 88 entradas lo certificaban.
En Clase A alta tuvo 6-8 y 2.57 en 1992, pero su sello quedó establecido con 187 ponches en 161.1 innings, más 13-7 y 3.48 en Doble A.
Como su viraje necesitaba trabajo fue asignado a una Liga Instruccional, pero el zurdo se declaró agotado y pidió ir a su casa en 1993.
El 18 de diciembre de ese año intervino en una pelea entre su hermano y otro individuo. Lanzó un golpe y lo falló y cayó sobre su hombro.
El doctor Fran Jobe, una eminencia en cirugías reconstructivas, dijo que no había visto una lesión tan terrible y nada se pudo hacer.
Taylor intentó volver, pero no pudo. Quedó fuera del beisbol y ahora hemos vuelto a saber de él, porque está en prisión y quizá dure ahí.
Enfrenta una posible condena de entre cinco y 40 años en prisión, al ser encontrado culpable de distribuir cocaína en Carolina del Norte.
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