Elizabeth Romero
La esperanza volvió ayer para la nicaragüense Martha Pérez, cuando la noche del miércoles una persona se le acercó en Apizaco, estado de Tlaxcala, para comentarle que una persona con los rasgos parecidos a la fotografía, que colgaba de su cuello, él la había visto recientemente por el mercado nuevo de esta localidad.
Se trata de Karla Patricia Pérez, su hija, a quien, tanto ella como los cuatro hijos que le dejó, no la ven desde 2005.
Funcionarios de la oficina de protección al migrante acompañaron a Pérez en la búsqueda de su hija por el sector que llaman el mercado nuevo de Apizaco, donde colocaron en paredes la fotografía solicitando información.
El fin es la explotación sexual y laboral de las mujeres, pero de la cual no escapan hombres y niños, apuntó González.
Trece madres nicaragüenses participan en la dolorosa caravana, en busca de sus hijos migrantes desaparecidos en su paso por México.
Junto con otras decenas de mujeres más de Honduras, El Salvador y Guatemala, ellas integran la caravana de madres que el 15 de octubre iniciaron un amplio recorrido que abarcará al menos 14 Estados mexicanos, en la ruta que siguieron sus hijos e hijas para llegar a Estados Unidos.
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Hubo más de una persona que en ese sector le dijeron a la madre nicaragüense que han visto a su hija llegar al lugar a hacer compras. “La hemos visto pero no sabemos dónde vive, viene al mercado a comprar ( ) viene bien limpiecita, no viene mal”, dijo Yolanda Flores, una de las vendedoras del lugar.
“No tiene mucho que la vimos”, afirmó otra vendedora.
“Parece que trabaja porque dicen que la vieron muy arreglada”, dijo Pérez, como buscando una forma para consolarse.
Tlaxcala es el Estado al cual la caravana de madres centroamericana, entre las que se encuentra la nicaragüense Pérez, arribó la noche del miércoles.
Llegaron de noche y abrazadas por un intenso frío, pese a ello las madres fueron directamente a la plaza principal del lugar donde expusieron las fotografías; luego visitaron el albergue La Sagrada Familia, como una forma de seguir su búsqueda.
Las madres piden saber si sus hijos están vivos o muertos. Esto porque “ese vacío que el hijo deja en la madre no se llena con nada”, aseguró Carmen Cuarezma en Apizaco. Ella busca a su hijo Álvaro.
En Apizaco, una vez que los migrantes bajan del tren los secuestran los grupos delictivos, denunció Elvira Arellano, del Movimiento Migrante Mesoamericano.
Tlaxcala, en tanto, es el sitio donde según fuentes locales se registra mayor cantidad de casos de trata de personas.
A medida que pasa la caravana, liderada por el Movimiento Migrante Mesoamericano y en particular en Nicaragua, impulsada por el Servicio Jesuita para Migrantes y MS-ActionAid Dinamarca, se siente el respaldo de muchas organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes, que se han solidarizado con el dolor de las madres centroamericanas.
Claudia González, directora de un Mundo una Nación, y del albergue local, explicó que desafortunadamente en el Estado opera una red de tratantes de personas, por lo que esa organización promueve la implementación de talleres en prevención de ese delito.
“Es un tema bastante delicado”, dijo González.
Señaló que por eso diversas organizaciones se han unido para exigirle al gobierno federal y estatal destinen un presupuesto para el combate de la trata de personas.
Otras fuentes de la oficina de protección al migrante aseguraron que es Tenansingo el municipio donde existen redes mafiosas que se dedican al tráfico de personas.
En la entrada del poblado dijo “hay halcones” o sea espías que avisan a las mafias cuando ingresa alguien desconocido, pues consideró que “todo el pueblo” está dedicado a ese delito.
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