Ramón García Gibson (*)
Durante la semana pasada llamó mucho mi atención una noticia que pone de manifiesto lo débiles que pueden resultar los controles contra el crimen internacional en muchos países abriéndose una importante y peligrosa área de oportunidad para que la delincuencia organizada conduzca libremente sus actividades de forma transnacional.
Dicha noticia surgida en España donde se anunció la llamada Operación Emperador que involucró alrededor de 1,565 millones de dólares procedentes de actividades ilícitas en los últimos cuatro años y con la que se logró la detención de ochenta personas vinculadas con una mafia de origen chino siendo acusados sus integrantes de delitos de lavado de dinero, delincuencia organizada, contrabando y extorsión.
Este caso pone de manifiesto diversos supuestos que son peligros latentes en la mayoría de los países de nuestra región latinoamericana y que por cierto no están relacionados con el narcotráfico, delito que ha sido el centro de atención de muchas de las fuerzas del orden regionales quizá descuidando otros flancos que están siendo aprovechados por la delincuencia organizada como lo es el caso que aquí se describe.
Los integrantes de la red delictiva enviaban de China a España grandes cantidades de mercancías evadiendo el pago de impuestos tras sobornar presuntamente a algunos funcionarios —¿le suena conocido el tema en su país?— vendiendo los productos en el mercado mayorista y minorista español a precios muy competitivos, escondiendo dichas ganancias en contenedores y autos para posteriormente regresar ese dinero a China a través de transferencias irregulares, compraventa de inmuebles, emisión de facturas falsas y colocación de grandes sumas de dinero en paraísos fiscales así como otra parte se reinvertía en negocios delictivos como prostitución, casinos ilegales y, sobre todo, redes informales de prestamistas que funcionaban a base de amenazas (si no supiéramos de que países se trata, sin duda, podríamos estar hablando de muchos países de Latinoamérica donde sucede lo mismo), ¿en su país el clásico “made in china” al reverso de un producto barato comparado con las marcas originales es común?
Entre las personas detenidas como parte de la “operación emperador” figuran un concejal de un municipio madrileño —¿se prestan algunos funcionarios municipales de su país a este tipo de situaciones?— y, aunque usted no lo crea, un conocido actor porno que puso su empresa productora de cine al servicio de la organización china para emitir facturas. El presunto líder de la organización resultó ser un importante empresario chino que como mencionaron los medios pretendía convertirse en un puente entre España y China a través de negocios relacionados con el arte.
Dicho empresario creó una fundación para promover el intercambio y desarrollo de arte entre España y China, el ingenioso señor también contaba con negocios que distribuían bisutería y bolsos llegados de China que se ponían a la venta en 110 lugares de España y Europa, también tenía negocios dedicados a la venta al por mayor de productos alimenticios, bebidas, tabaco, textiles y calzado así como artículos de relojería y joyería. El dinero procedente de esas actividades ilícitas era lavado en paraísos fiscales o incluso, trasladado a China oculto en bolsas dentro de trenes o autos.
Para solucionar parte de estos problemas casos como el aquí descrito México con su nueva Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita que entrará en vigor en nueve meses más- prevé como actividad vulnerable y, por tanto, objeto de identificación y reporte “La prestación de servicios de comercio exterior como agente o apoderado aduanal, mediante autorización otorgada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, para promover por cuenta ajena, el despacho de mercancías, en los diferentes regímenes aduaneros previstos en la Ley Aduanera, de las siguientes mercancías: joyas, relojes, piedras preciosas y metales preciosos, cuyo valor individual sea igual o superior al equivalente a cuatrocientas ochenta y cinco veces el salario mínimo vigente en el Distrito Federal”. Aunque por otro lado, como varios países de la región, muchos de los negocios planteados en la “operación emperador” no están bajo el radar de prevención y combate al lavado de dinero como actividades vulnerables así como por supuesto tampoco lo están las autoridades aduaneras ¿Por qué será?
Para finalizar me pregunto. ¿Cuántos mecanismos como los que fueron objeto de investigación durante la “operación emperador” se estarán llevando a cabo hoy en los países de nuestra región Latinoamérica? La respuesta desgraciadamente y sin temor a equivocarme es, “en muchos”, pues el comercio internacional está claramente sujeto a una amplia gama de riesgos y vulnerabilidades que pueden ser explotados por las organizaciones criminales y si además le agregamos el elemento del alto nivel de corrupción de nuestros funcionarios públicos la solución al problema se pone literalmente en chino mi muy estimado lector.
(*) Esta columna es publicada los lunes en El Financiero de México. [email protected]
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