Radiante a los 42 años

La actriz Maribel Verdú, medalla de oro de la Academia Española de Cine, Premio Nacional de Cinematografía, premios Ariel y Goya de interpretación, y casi 70 películas rodadas en más de 25 años de carrera, está desconocida en su nuevo papel de mala malísima. Y bella.

Alicia G. Arribas/ EFE-Reportajes

La actriz Maribel Verdú, medalla de oro de la Academia Española de Cine, Premio Nacional de Cinematografía, premios Ariel y Goya de interpretación, y casi 70 películas rodadas en más de 25 años de carrera, está desconocida en su nuevo papel de mala malísima. Y bella.

Verdú encarna a la malvada madrastra de “Blancanieves”, la película de Pablo Berger, muda y en blanco y negro que representará a España en los Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, así como en los Ariel.

Sus casi 42 años brillan como pocas veces en pantalla. El diseñador Paco Delgado, el director de fotografía Kiko de la Rica y el realizador Pablo Berger han conseguido en Maribel a la madrastra con más glamour desde que los hermanos Grimm inventaran a la más bella (y cruel) criatura de los cuentos.

Y eso que es muda y sin más matices que los grises que van del blanco al negro.

Solo los más “fans” de Maribel saben que de pequeña quería ser corredora de rallies, o que no tiene cuenta en Twitter, entre otras cosas, porque teme su propia franqueza y apasionado carácter.

“Me doy miedo —argumenta entre risas—, las personas tan abiertas como yo podemos decir cosas de las que luego nos arrepintamos”.

Gracias a la periodista y crítica de cine, la escritora Nuria Vidal, quien ha indagado en la personalidad de Maribel, buscando coincidencias en sus películas y explicaciones a sus trabajos más señalados, ahora podemos saber “todo” (mejor dicho, todo lo que la actriz ha querido contar) sobre la artista, la mujer, la amiga y la esposa gracias al libro Maribel Verdú , que publica Plaza y Janés.

“Maribel es como parece que es, y mejor”, según explica la biógrafa.

“Yo soy callada, introvertida”, ironiza la actriz, riéndose de sí misma, en una rueda de prensa celebrada en Madrid.

“Todos tenemos nuestra parcela de privacidad y cuento lo que no me importa que se sepa”, aclara, y vuelve a reírse de los entrevistadores para asegurar que dejará “para cuando tenga 70 u 80 años” el momento de desvelar “todo lo malo”.

Y es cierto que, en las páginas de este libro, nadie sale malparado. “Nadie me ha hecho daño para irlo diciendo en un libro, además, no me parece elegante hablar de esas cosas”, comenta la actriz, mientras su biógrafa apunta a EFE con un guiño: “Hay que fijarse en quiénes no están”.

En el libro, Vidal vierte reflexiones recogidas en varias entrevistas realizadas el último año y medio y en otras rescatadas del pasado, bien de publicaciones propias en la revista Fotogramas , o ajenas, todas ellas salpicadas de retazos de la historia que acompañaba los momentos más significativos de la vida de la actriz.

El repaso a sus películas y obras de teatro es exhaustivo, con fotos —algunas, inéditas—, recuerdos y sentimientos que ha guardado para el libro, con sus “momentos de lágrimas, lo más duro”, reconoce Verdú, como al acordarse de gente que ya no está, o desvelando secretos más o menos guardados.

Secretos como que colecciona pingüinos, su afición por la medicina o las flores blancas; su debilidad por Gloria Swanson, los motivos por los que no se volverá a cortar el pelo, o sus más conocidas posicionamientos públicos y político en defensa del pueblo saharaui, o de los galgos.

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