Jorge Luis Espinoza
En Altagracia, isla de Ometepe, en el departamento de Rivas, está la escuela primaria Rubén Darío que tiene 48 años. Por sus aulas han pasado miles de niños y niñas. Muchos de ellos, hoy son profesionales.
Nos ha caracterizado el afán de trabajar con mucho amor, entusiasmo, abnegación y responsabilidad. Estos factores han facilitado las condiciones para que nuestra escuela fuera galardonada en la década de los noventa como escuela modelo alcanzado por su excelencia a nivel nacional.
Estamos experimentando transformaciones curriculares que han traído beneficios al integrar la tecnología informática en la educación primaria. Se han transformado los procesos de aula de una escuela tradicional a una escuela constructivista con una visión innovadora.
La tiza, el borrador y la pizarra dejaron de ser el primer material educativo e insustituible; los alumnos se han convertido en el eje central de una clase activa y participativa y los maestros somos hoy por hoy facilitadores de la educación.
También los padres de familia son ahora agentes de cambio, con un mayor nivel de integración y responsabilidad con la escuela. Así hemos ido consolidando nuestras experiencias; primero con el Proyecto Base; luego con Base II y después con el Proyecto Excelencia.
Pero ¿qué ha sido lo más importante de toda esta experiencia? El avance en la educación de nuestros alumnos, a través de procesos de aula con aprendizajes relevantes que adquieren un significado especial al permitir al estudiante prepararse para la vida y demostrarlo, primero en la comunidad y posteriormente a nivel nacional.
Me satisface comentar que esto no es solo retórica docente. Hemos demostrado esa gran experiencia y esos conocimientos que han adquirido los estudiantes, obteniendo los primeros lugares en concursos académicos y culturales promovidos por el Ministerio de Educación.
Este año por ejemplo, hemos logrado ganar todos los concursos interescolares de sexto grado.
Es muy importante destacar esta experiencia de ir cosechando estos logros con alumnos de excelencia. Es un trabajo continuo y permanente, desde el primer grado, donde inicia una formación que se va consolidando paso a paso hasta que el niño concluye su primaria.
Etapa en la que el docente se encarga de pulirlo aplicando diversas estrategias de aprendizaje mediante una atención individual, en la que están comprometidos además: las autoridades de la escuela y los padres de familia —que en muchos casos hacen propias las estrategias de estudio de sus hijos— para contribuir a una mejor preparación de los mismos.
El autor es director de la escuela Rubén Darío.
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