Amalia Morales
La madrugada del 13 de octubre de 1855 el jefe de los filibusteros, William Walker, se adueñó de Granada. Granada había sido designada como la sede de gobierno del primer presidente nicaragüense, el general Fruto Chamorro y era el epicentro de la disputa entre conservadores y liberales que se libraba en otros departamentos del país Río San Juan, Chontales, Matagalpa y Rivas.
Walker, a quien se le había dado título de coronel a su arribo en El Realejo, no halló resistencia en la plaza granadina y reforzó su ejército con cien hombres que estaban allí encadenados y haciendo trabajo forzado.
Después, Walker publicó una proclama en la que ofrecía garantías a la vida y a la propiedad.
Pero la aparente buena voluntad del filibustero se disolvió tras la escaramuza de conservadores y liberales que hubo en Managua, y tomó como rehenes a los “principales vecinos de Granada”, según refiere José Dolores Gámez en su libro Historia de Nicaragua .
La ocupación de Walker encendió los ánimos de algunas personalidades de la época.
El 19 de octubre, el prefecto conservador de Masaya, Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, hermano de Fruto Chamorro, redactó en San Fernando una enérgica proclama que décadas más tarde colgaría como un decálogo inspirador de lucha y vida, en la oficina de su nieto Pedro Joaquín Chamorro (como él) Cardenal, PJChC.
La primera es la que redactó Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, el 19 de octubre de 1855, tras la toma de Granada a manos del filibustero William Walker.
La otra es la de diciembre de 1909 a favor del voto razonado del doctor Manuel Coronel Matus.
La tercera es la del general Benjamín Zeledón en octubre de 1912 y la otra, no menos importante, la que redactó en San Albino, en julio de 1927, el general Augusto C. Sandino.
Estas dos últimas fueron manifiestos contra la intervención yanqui en Nicaragua.
“No solo veamos al (Emiliano) Chamorro que pactó con Bryan y Somoza García, que a más de siglo y medio de distancia recordemos a Chamorro Alfaro, sin olvidar a su hermano Fernando, también asesinado, como lo fue el doctor Chamorro Cardenal el 10 de enero de 1978. A mí me parece que la Asamblea Nacional realizó un acto de justicia al declararlo Héroe Nacional”, dice Sánchez y con él coincide otro historiador, Bayardo Cuadra, quien cree Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el nieto de Chamorro Alfaro fue un hombre consecuente con sus principios.
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“Nicaragüenses: un suceso desgraciado nada significa cuando el patriotismo no se abate: la toma de Granada no debe anonadarnos, pues no fue por efecto de una acción de armas”, dice la proclama de Chamorro Alfaro, quien ayudaría a expulsar a Walker del país años más adelante.
“Si para lograr tan noble objeto fuese necesario derramar la sangre de mi familia y amigos que allí existen, sangre adorada para mí, en buena hora”, escribió Chamorro Alfaro quien gobernaría el país entre 1875 y 1879, dentro del período conservador que duró 30 años.
EL LEGADO DE LA PROCLAMA
Para el historiador y periodista, Roberto Sánchez, existe “una estrecha relación entre la proclama del prefecto de Masaya, Pedro Joaquín Chamorro Alfaro y el ejemplo de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, declarado por la Asamblea Nacional, Héroe Nacional”.
Sánchez, quien fue periodista de LA PRENSA en los años setenta, bajo la dirección de Chamorro Cardenal, considera “lamentable que se conozca poco esa patriótica proclama, fechada en San Fernando, Masaya, el 19 de octubre de 1855.
“El doctor Chamorro Cardenal la había dado a ampliar y la tenía en un lugar muy visible en su oficina de LA PRENSA”, agregó el periodista, quien cree que para Chamorro Cardenal la proclama del abuelo “fue una norma de conducta en toda su vida, padeciendo cárcel, tortura, confinamiento, exilio hasta sellar el ejemplo, con su muerte… hizo suya la proclama de su antepasado”, dice Sánchez.
El historiador Bayardo Cuadra cree que “aunque en épocas y escenarios distintos”, Chamorro Cardenal demostró la “firme adhesión a esos conceptos y la aceptación del sacrificio como condición para el alcance de esos ideales que ennoblecen a las personas, siendo ese el caso de PJChC”.
LA REPRESALIA DE WALKER
Según la versión de los hechos descritos por Gámez en su libro, la proclama de Masaya hizo que Walker perdiera la paciencia. El libro de Gámez refiere que el filibustero mandó a fusilar al ministro Mateo Mayorga.
Así surgieron los “moderados” que se entendieron con el filibustero y los “exaltados”, encabezados por el prefecto Chamorro Alfaro, explica Roberto Sánchez.
“La noticia de tan triste suceso, ocurrido en la madrugada del 23, fue llevada a Masaya en el mismo día por comisionados de Walker, quienes se presentaron anunciando que este se manifestaba decidido a fusilar a los otros rehenes, entre los cuales figuraba don Dionisio Chamorro, hermano del autor de la protesta, si a las nueve de la misma noche no recibía una contestación favorable de arreglo”.
A la par de esta carta, a Chamorro Alfaro y al resto de conservadores le llegaron noticias exageradas sobre el ejército del filibustero.

Al final, por aplacar a Walker los conservadores cedieron y firmaron un acuerdo de paz, “en que se aceptó todo cuanto quiso imponer el inflexible filibustero”, según escribió Gámez.
Walker se quedó en el poder, luego estalló la Guerra Nacional en 1856 y el filibustero fue fusiado en Honduras en 1860, cuando vendría el tiempo de los conservadores en Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 4 A
