En una democracia el Gobierno debe tener interlocutores con quienes concertar las leyes y las decisiones políticas del Estado, que señalen sus aciertos y errores, apoyen lo que beneficie a la nación y se opongan a lo que le perjudique. Interlocutores de peso que integren una oposición organizada.
En Nicaragua las organizaciones empresariales son un valioso interlocutor que en lo económico concerta con el Gobierno las leyes y le hacen ver sus aciertos y errores. El Gobierno los respeta y los escucha. No siempre logran todo, pero sí puntos sustantivos para que el país no se desvíe y se logre la paz social y el progreso.
Por otra parte, nuestros obispos nos hacen ver que la oposición se debate en luchas internas y descalificaciones motivadas por ambiciones personales; que no interpretan el sentir del pueblo, no renuevan a sus líderes ni ofrecen alternativas para un Proyecto de Nación.
Qué bueno fuese si el excelente trabajo que ante el Gobierno realizan en lo económico las organizaciones empresariales, lo realizaran en lo político los partidos de oposición. Pero están débiles y erráticos.
Quiero ser objetivo a riesgo de ser mal interpretado (quien no confronta radicalmente al Gobierno es frecuentemente etiquetado de sandinista o acomodaticio). La radicalización apasionada impide ver el camino que nos sugieren los obispos: diálogo, concertación y convivencia; lo cual no excluye la crítica ni mucho menos hacer oposición política en base a un Proyecto de Nación sin llegar a la polarización.
Seamos realistas. La oposición no tiene un plan coherente y viable. Actúa coyunturalmente y solo apuesta a los escenarios políticos internacionales para debilitar a su adversario sandinista, en vez de elaborar un plan de gobierno creíble y posible que compita con lo que le ofrece al pueblo el Gobierno. En vez de ver la realidad de que el pueblo vota por quién le ofrece más bienestar y más posibilidades de mejorar económicamente, siguen pensando que lo que importa principalmente al pueblo es la institucionalidad, y no tienen una alternativa que contraponer a los programas sociales y a la política económica que desarrollan los sandinistas. Claro que fortalecer la institucionalidad democrática es muy importante, pero en toda estrategia política hay prioridades porque los electores votan según sus prioridades.
En cuanto a esperar que las sanciones internacionales debiliten al Gobierno, la oposición calcula mal. No tendrán argumentos contundentes para contrarrestar los resultados de las elecciones municipales que los sandinistas ganarán ante observadores de la OEA que avalarán los resultados. Y sobre la reelección indefinida y la prórroga en los cargos públicos vencidos, varios embajadores europeos han dicho que sus países respetarán las sentencias de la Corte Suprema, que pueden ser cuestionadas pero jurídicamente son válidas, además de que en Europa es normal la reelección indefinida (Margaret Thatcher, 11 años; Helmut Kohl, 16 años )
Todos —especialmente el Gobierno— debemos buscar una nueva forma de hacer política, como sugieren nuestros obispos, concertando un proyecto de nación mediante el diálogo sin exclusiones. Pero hacerlo es, además, un asunto de sobrevivencia para los actuales partidos de oposición que deberían seguir el ejemplo de los empresarios.
El autor es abogado y periodista.
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