LOS ÁNGELES/AFP
El paracaidista austríaco Felix Baumgartner logró ayer una velocidad máxima de 1,342.74 kilómetros por hora, exactamente 1.24 veces la velocidad del sonido, ayer en un exitoso salto en caída libre desde 39,045 metros de altura sobre Nuevo México (Estados Unidos), informaron los organizadores.
La ascensión duró más de dos horas y comenzó a las 09H30 hora local. Tras revisar que todas las condiciones para el salto se cumplieran, Baumgartner saltó al vacío y tras una decena de segundos alcanzó la velocidad máxima del trayecto.
Luego, el austriaco abrió su paracaídas y tocó tierra, donde fue recibido por un fotógrafo y otras personas que aterrizaron cerca con un helicóptero.
Durante el ascenso se registró un problema menor: una falla en uno de los calefactores de la placa frontal del casco de Baumgartner, que empañaba su visión. “Incluso en un día como este al empezar tan bien, puede suceder un pequeño fallo. Pero finalmente decidí saltar. Y fue la decisión correcta”, señaló el intrépido en una entrevista a un canal austríaco, la primera que brindó tras tocar tierra.
Baumgartner aclaró lo que dijo al saltar al vacío, y que en la transmisión en directo aparecía entrecortado: “Sé que el mundo entero está siguiendo esto ahora y desearía que pudieran ver lo que yo veo. A veces tienes que estar bien arriba para darte cuenta de lo pequeño que eres”.
El austríaco batió varias marcas: el mayor ascenso en un globo aerostático tripulado, el salto al vacío desde mayor altura, perteneciente hasta ahora al excoronel de la Fuerza Aérea estadounidense Joe Kittinger (31,333 metros en 1960), y la ruptura de la barrera del sonido.
Sin embargo, no pudo quebrar la marca de la caída libre más larga, ya que sus cuatro minutos 19 segundos quedaron cortos ante los cuatro minutos 36 segundos de Kittinger.
El mayor riesgo que enfrentaba el paracaidista era la posibilidad de girar fuera de control, lo que podría hacerle perder el conocimiento. Los riesgos eran considerables. Si el traje especial presurizado que llevaba él se rompía, su sangre herviría debido a la presión extrema causada por la altitud.
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