Chimpancé

En lo más profundo de la selva africana, un pequeño chimpancé disfruta del cariño de su madre y la protección de su manada. Hasta que un aciago día, una tragedia inesperada lo obliga a luchar por su propia sobrevivencia. Si esa sinopsis de dos líneas le parece hiperbólicamente dramática, sepa que va a tono con el nuevo documental bajo la insignia Disneynature.

[imported_image_136135]

Por Juan Carlos Ampié

En lo más profundo de la selva africana, un pequeño chimpancé disfruta del cariño de su madre y la protección de su manada. Hasta que un aciago día, una tragedia inesperada lo obliga a luchar por su propia sobrevivencia. Si esa sinopsis de dos líneas le parece hiperbólicamente dramática, sepa que va a tono con el nuevo documental bajo la insignia Disneynature.

Chimpancé trabaja con el más antropomorfo de los animales. Más que una mirada antropológica a la naturaleza, parece un reality show. Esto no es necesariamente malo. La necesidad de armar una historia potable para el público infantil impone las leyes de la ficción comercial sobre el material recopilado por el equipo del director Allastair Fothergill. Los créditos finales registran filmaciones en Costa de Marfil, Uganda y Gabón. Esta es una pista de que la historia que vemos es una construcción. Qué tanto es verdad o manipulación a través de la magia de la edición es algo indescifrable. En este caso no importa, realmente. La película es una herramienta para sensibilizar a las nuevas generaciones ante la necesidad de preservar el medioambiente y sus criaturas. Y en aspecto, cumple su papel a cabalidad.

El truco está en humanizar lo más posible a sus simios. Así, la pequeña estrella se llama Óscar, un monito de unos tres años de edad apropiadamente… pues, mono. Está en proceso de explorar la independencia sin separarse mucho de su madre, Isha. Los nombres se asignan para nuestro beneficio. El jefe de la manada se llama Freddie, y por eso sabemos que es un buenazo, mientras que el cabecilla de una manada rival se llama Scar (Cicatriz). ¿Adivinen con quién debemos alinear nuestras simpatías? Todos son monos en la misma jungla, pero necesitamos buenos y malos, obstáculos infranqueables, héroes que hacen lo inesperado cuando es más necesario. Todo esto abonado por un narrador que desmadeja el hilo conductor, describe la acción e incluso pone palabras en las bocas de los monos, cambiando ligeramente su voz.

Lo que sí es seguro es que los cineastas se toparon con un evento extraordinario. Tras perder a su madre, Óscar se convierte en un paria. Ninguna mona lo adopta, porque comprometería la sobrevivencia de sus propias crías. Los machos no tienen instinto para alimentarlo y educarlo. Todo apuntaba a que este iba a ser el documental más deprimente del Disney, con nuestro héroe muriendo prematuramente de desnutrición, o en las fauces de un depredador. Hasta que Freddy decidió adoptar al huérfano y criarlo. Según los entendidos esto es un acontecimiento totalmente inesperado y evolutivamente contradictorio. Y un excelente giro de trama.

Bajo este simple drama confeccionado para consumo de toda la familia yace una historia genuinamente extraordinaria: como un grupo de humanos se adentra en la profundidad de la selva por meses para registrar estas imágenes que brillan en la proyección digital del cine. La selva es hermosa. Algunas imágenes trascienden incluso la esperada calidad postalera de la fotografía. Sorprenden por su belleza. Mi curiosidad no fue saciada por unas cuantas tomas “detrás de cámara” que acompañan los créditos finales. Más bien fue exacerbada. Los monos son simpáticos, pero el ser humano es el animal más fascinante de la naturaleza.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí