César Úbeda Bravo
El doctor Edmundo Jarquín, excandidato a la vicepresidencia por la Alianza PLI, lanzó hace dos semanas una propuesta de cambio generacional en la política nicaragüense, argumentando que no se puede enfrentar más de lo mismo en el orteguismo, con más de lo mismo en la oposición. “Hay que abrir puertas y ventanas para que entre aire fresco en la política nicaragüense”, sugiere Jarquín, quien propone atraer a la juventud y a los independientes que son la inmensa mayoría.
Para Jarquín la apatía que existe en torno a las elecciones municipales es fundamentalmente por la inutilidad del voto y no al descrédito de una oposición carente de liderazgo, incapaz de presentar propuestas de nación, que ya se acomodó al régimen actual votando junto con el FSLN en la Asamblea Nacional a favor de leyes que le interesan al poder ejecutivo, como por ejemplo El Supremo Sueño de Bolívar.
Al insistir sobre el pobre desempeño y falta de liderazgo en la denominada oposición, Jarquín sostiene que porque no hay un liderazgo único en la oposición no se puede deducir que hay carencia de líderes. Para el cambio generacional en los partidos plantea primarias abiertas para generar nuevos liderazgos.
:::La gente está cansada de la clase política nicaragüense, que por falta de liderazgo y de propuestas concretas ha provocado mucha apatía en las elecciones próximas. ¿Cuál es su opinión?
El factor fundamental de la apatía, como lo señaló la Conferencia Episcopal en su reciente mensaje, es la percepción de la inutilidad del voto, por los fraudes de 2008 y 2011, y la profunda desconfianza en las autoridades y el sistema electoral. En esto no podemos equivocarnos. Pero tampoco podemos rehuir la responsabilidad de nosotros en la oposición. También la Conferencia Episcopal fue muy crítica al respecto y con fundadas razones. Sin embargo, no estoy de acuerdo con el equívoco frecuente, en los medios de comunicación y en algunos dirigentes del sector privado, de hablar de la “clase política” como dirigiéndose únicamente a la oposición: aquí quien más ha deteriorado el valor de la política y de las instituciones es el orteguismo y sus aliados. Tampoco en eso podemos equivocarnos.
:::El que habla de las peras, comérselas quiere. Es un popular refrán. Ya se vio que quienes criticaban a otros políticos con el tema del dedazo actúan de igual manera en la denominada oposición. Usted que fue candidato a vicepresidente de la Alianza PLI, ¿cuál es su lectura de lo que pasa en la dirigencia de la oposición que no se percibe ningún liderazgo y que aparentemente solo se preocupan por cuotas de poder?
Perdóneme, pero no es comparable el centralismo, verticalismo y absolutismo que hay en el FSLN, que en verdad está “privatizado” por la familia Ortega, y los defectos que puedan existir, y que en efecto existen en la oposición. La otra confusión es que porque no hay un liderazgo único en la oposición se deduzca que hay carencia de líderes. Conozco a muchos dirigentes opositores al orteguismo, a nivel nacional, departamental y municipal, de diferentes signos ideológicos, genuinamente preocupados por los problemas nacionales y con vocación de servicio. Que no haya un caudillo en la oposición no debería ser objeto de crítica. ¿Que hay mucho que mejorar? No hay duda.
Pero hay otro doble error de análisis que quisiera comentar. Independientemente de los problemas de liderazgo y organización de la oposición, que no los niego, la misma luce débil porque en Nicaragua no se cuentan bien los votos. Y, por otra parte, se comete el equívoco de considerar opositor al doctor Alemán, que no lo es. Entonces, si en las municipales del 2008 se hubieran contado bien los votos, y los magistrados del doctor Alemán en el CSE no hubieran colaborado con el fraude, la gran mayoría de las alcaldías no estarían hoy controladas por el orteguismo. Entonces la oposición luciría fuerte, además que el poder cohesiona. Y lo mismo podría decir de las elecciones de 2011, si se hubieran contado bien los votos de Fabio Gadea Mantilla y se hubiese permitido acreditar fiscales y no se hubieran dado todas las irregularidades que documentó la OEA y la Unión Europea. Lo que sí es cierto es que la oposición, sobre todo en el Pacífico, no tiene capacidad de calle. El orteguismo tiene el monopolio de la calle y eso hace lucir débil a la oposición. Pero una situación en que los votos no sirven no puede prolongarse indefinidamente, de modo que aquí o se recupera la credibilidad en el sistema electoral o derivaremos a situaciones de violencia y confrontación callejera que no son deseables. Y Nicaragua no es Siria en que las fuerzas armadas han salido a masacrar al pueblo.
:::Usted mencionó que es necesario impulsar un proceso de relevo generacional en la política nicaragüense y nuevas formas de hacer política. Totalmente de acuerdo. ¿Puede profundizar sobre esta propuesta?
La pretensión vitalicia y dinástica del orteguismo es evidente. No se puede enfrentar más de lo mismo en el orteguismo, con más de lo mismo en la oposición. Hay que abrir puertas y ventanas para que entre aire fresco en la política nicaragüense. No basta con lo que se haga de cambio y recambio en cada uno de los partidos de oposición, que son muy pocos por cierto, y que tienen muy poca capacidad de crecimiento endógeno, desde adentro. Hay que encantar a la juventud y a los independientes, que son la inmensa mayoría y donde hay más apatía. Un proceso de elecciones primarias, abiertas, para generar nuevos liderazgos y nuevas formas organizativas, no debería ser incompatible con liderazgos y partidos existentes. Pero debe hacerse pronto, no de cara a procesos electorales, porque no se trata de elegir candidatos, sino generar más y nuevos dirigentes a nivel nacional, departamental y municipal. Hay que estudiar la experiencia de Venezuela y otros países. Además, si la oposición se renueva con procedimientos abiertos, democráticos y participativos, el monopolio privado que el orteguismo ejerce del sandinismo será sometido a grandes tensiones y desafíos. El cambio será total, no solamente en la oposición.
Porque no se trata solamente de oposición a Ortega, sino de superación de la actual polarización que hay en el país. Para esto las nuevas generaciones, todas, de uno y otro sector, tienen que hacerse dueñas de su futuro.
:::¿Qué futuro le espera a Nicaragua si los actuales dirigentes de la denominada oposición se resisten al relevo generacional?
No creo que un proceso como el que esbozo y que por cierto lo comparten muchos, convocado por personas y organizaciones que tengan credibilidad, y además se comprometan ellas mismas a no ser candidatos al relevo, pueda tener resistencias. Y en todo caso, quienes se resistan, perderán. Porque no se trata de digitar un proceso, sino generar una dinámica de cambio y transformación, y esas dinámicas son imparables.
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