León Salvatierra
No quise un paraíso donde no existieran llamasMis manos no dejaron que hablara el viento
No supe imitar la perfección de una promesaNi me convenció el madero. Tampoco quise
quedarme inmóvil. Intenté vivir en el paraísopero debo confesar que me tentaron los defectos
Las piedras ásperas, las pulpas, los manglaresAhora prefiero abrazar las llamas que bailan solas
Y que dan frío, las moribundas pupilas de un simioy su terquedad.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B