Almudena Muñoz
Una suma de propuestas correctas sin demasiadas audacias (incluida la interpretación de John Cusack , efectiva pero sin aportar nada ingenioso) hacen de El cuervo un filme entretenido. Para pasar un buen rato. Y quizá, para devolver al público el deseo de leer los cuentos de Poe. Si eso sucede, el filme de Mc Teigue habrá logrado algo importante.
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“Soy un artista. Y un artista no es más que un hombre arrastrado por un río: en una orilla está la cordura y en la otra la locura, pero él jamás encontrará el descanso en ninguna de las dos: seguirá fluyendo entre ambas, arrastrado por las aguas de su arte, alejado de la vida que se desarrolla en tierra, desde donde los demás le observan sin poder ayudarle, hasta morir en la inmensidad del mar”.
Estas palabras nacían de labios de un Edgar Allan Poe de ficción, evocado por el escritor Félix J. Palma en su novela: El mapa del cielo (Plaza y Janés).
Poco se sabe con certeza de la vida del célebre cuentista de Baltimore, y menos aún sobre su muerte, acontecida en un hospital público después de que lo encontrasen, en pleno delirio, tirado en la calle. Esta circunstancia y el potente contenido imaginario de sus relatos ha convertido a Poe en una figura en manos de todos, prácticamente sin derechos de autor.
Su lado oscuro
Múltiples obras, entre ellas abundantes películas, continúan tanteando el cosmos oscuro y demente que surgió de las fantasías del escritor, y por supuesto al mismísimo poeta, cuya vida otorga ideas totalmente descabelladas y otras más convencionales para biopics fuera de norma.
A principios del siglo XX, algunos ensayos de cortometrajes silentes se fijaron en narraciones de este poeta de la enajenación y el horror insinuado antes de un estallido grotesco; las vívidas imágenes que a todo lector pueden sugerirle los cuentos abordados a continuación han formado parte indisoluble del género fantástico, de terror y ciencia ficción en la gran pantalla.
Y aunque algunos nombres cinematográficos ya pervivirán por siempre asociados al emblema del autor, entre ellos los del director Roger Corman y el intérprete Vincent Price, las creaciones de Edgar Allan Poe siguen expandiéndose como solo lo consiguen las creaciones más lúcidas y revolucionarias. Una literatura avant-garde que menos de un siglo después empezó a suscitar las mejores películas inspiradas en sus escalofriantes invenciones.
Este listado deja desparramados sobre el escritorio de Edgar Allan Poe otros muchos cuentos menos reconocibles entre el gran público, como Berenice —que sirvió para un corto de Eric Rohmer en 1954—, La caja oblonga (Gordon Hessler, 1969) o El entierro prematuro , que dio pie a una variante en La obsesión (Roger Corman, 1962) y, mediante deudas tácitas, a Buried (Enterrado) (Rodrigo Cortés, 2010), que no hace otra cosa que recoger uno de los mayores horrores del siglo XIX: a ser enterrado vivo, como émulo del olvido.
Ala negra que desde luego no ha cubierto a El cuervo , inspirador de múltiples versiones, entre ellas otra de Roger Corman de 1963 con guión de Richard Matheson —y que no debe confundirse con una cinta criminal de mismo título de 1943 de Henri Georges Clouzot, también maestra a su manera—. Ni a El corazón delator , que propició el debut de Jules Dassin en The tell-tale heart (1941), o las peripecias de Dupin, ese recio y estoico predecesor de Sherlock Holmes, en El fantasma de la calle Morgue (Roy Del Ruth, 1954) y Asesinatos en la calle Morgue (Gordon Hessler, 1971).
LISTA PARA COLECCIONISTAS
La caída de la casa Usher (Roger Corman, 1960), La máscara de la muerte roja (Roger Corman, 1964), Historias extraordinarias (Federico Fellini, Louis Malle y Roger Vadim, 1968), La tumba de Ligeia (Roger Corman, 1964), El cuervo (Lew Landers, 1935), El péndulo de la muerte (Roger Corman, 1961), El gato negro (Albert S. Rogell, 1941), La conciencia vengadora (D.W. Griffith, 1914), El doble asesinato de la calle Morgue (Robert Florey, 1932), Sílení (Jan Svankmajer, 2005). Aparte quedan las adaptaciones que quizá habrían estimulado la curiosidad insaciable del escritor, amante de lo excéntrico y lo fronterizo.
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