Alejandra Espinoza. Perfil de Suplemento Nosotras
Octubre 1998. Chinandega. 12 años. Alejandra Espinoza atendía junto con su abuela la panadería familiar. En su casa se vivía mucha incertidumbre y angustia, porque por varios días no paró de llover. No había luz, ni líneas telefónicas. Caía tanta lluvia que su casa se empezó a inundar. Estaban en el ojo del Huracán Mitch y se dieron cuenta hasta que un familiar llegó a notificarles.
“Si es un huracán, la gente tiene que comer y si lo único que podemos hacer es pan para que no mueran de hambre, pues lo haremos”, recuerda Alejandra las palabras que le había dicho su abuelita.
A pesar de la inundación, hacían pan durante la madrugada para venderlo a un bajo costo por la mañana. “Nunca voy a olvidar la fila tan grande de personas esperando que abriéramos para comprar pan”, comenta.
Recién el huracán pasó, aconteció el derrumbe del Volcán Casita. Una tía de Alejandra la llevó al lugar y ella recuerda que ver los cadáveres semienterrados le causó mucha impresión.
“Fue la primera vez que salí de la burbuja en la que estaba viviendo. Me di cuenta que si de alguna u otra manera podemos ayudar a las personas que lo necesitan, tenemos que hacerlo”, reafirma.
En el 2001, estando en El Salvador, le tocó vivir el terremoto. Por segunda vez sintió que se enfrentaba a la vida de la cual una vez más salió ilesa. Decidió ayudar en lo que podía y junto con la Alcaldía de San Salvador y otras personas recolectaron ropa y comida para quienes lo habían perdido todo.
Estos dos sucesos marcaron su vida. Le enseñaron que se puede volver a comenzar y desde entonces vive agradecida con Dios de permitirle vivir. Luego de esta lección aprendida, empezó a tener una mejor relación con su papá, de quien se había distanciado desde que se separó de su mamá, cuando apenas tenía 4 años.
Hoy tiene 26 años. Vive un día a la vez en constante búsqueda de tranquilidad, con principios propios y valores que le permiten transformar su forma de pensar para mejorar.
Ella destaca que la mayor enseñanza que ha aprendido de su mamá es que puede hacer y lograr lo que se proponga sin importar la edad que tenga, también que no se vale vivir mal y que la vida presenta opciones y que se puede elegir la que mejor convenga.
Desde niña, Alejandra se caracterizó por tener un carácter fuerte, por decir siempre lo que pensaba y por denunciar las injusticias o si querían aprovecharse de ella.
Pese a que eso era positivo en su vida, porque era una manera de defenderse, también le traía problemas porque no siempre las personas estaban de acuerdo con ella o viceversa.
Desde muy joven le tocó tomar las riendas de su hogar. Tenía responsabilidades, tales como: hacer las compras en el supermercado, pagar cuentas, decidir qué comida se prepararía, hasta a veces hacer de mamá para su hermano, todo esto porque creció en un hogar disfuncional.
“Un día mi mamá se sentó a hablar conmigo y me dijo que ahora se encargaría ella. Llegué a pensar que estaba loca. Siempre había tenido el control de todo y ese cambio desestabilizó mi vida”, recuerda.
Fue así que decidió integrarse a un grupo de autoayuda llamada Al Anon, porque por haber convivido con familiares adictos al alcohol, desarrolló una enfermedad que se llama codependencia.
“Básicamente yo controlaba, manipulaba y me hacía la víctima después. Sentía que había mucha inestabilidad en mi vida. Ahora trabajo todos los días en tratar esa enfermedad, lo cual es muy positivo para mí”, comparte Alejandra.
Estar en el grupo de autoayuda le permite vivir un día a la vez bajo el lema de tomar lo que le agrada y desechar el resto.
“EL TRABAJO IDEAL”
Desde hace una año, Alejandra se desempeña en el área de Mercadeo y Relaciones Públicas del Centro de Especialidades en Adicciones (CEA). Ella afirma que es la combinación perfecta entre su vida personal y profesional.
“Es el resultado del postgrado que estudié en Responsabilidad Social Empresarial porque desde ahí puedo ayudar a la gente y creo que las empresas pueden contribuir a suplir algunas necesidades. Además, conozco la enfermedad de la adicción por todos mis familiares adictos. No me veo trabajando en otra área”.
Afirma que es muy gratificante cuando ve a una persona que fue adicta y que ahora ha recuperado su trabajo y a su familia. Eso para ella es otra muestra de que se puede volver a comenzar a pesar de los tropiezos.
Alejandra siempre tiene algo interesante que hacer y aportar. Está en creatividad constante en Al Anon, en el CEA y también en el movimiento de la Sociedad Civil Nicaragua 2.0.
Esta joven emprendedora comenta que lo que quieren como movimiento es cambiar la cultura política del país, demostrar que pueden incidir y reclamar los derechos de una forma pacífica.
“Es un intercambio de ideas. Nadie tiene derecho de pasar por encima de mí, o de la Constitución”, opina.
Hace aproximadamente un mes Alejandra se integró a Managua Hub, que es la comunidad más joven del Foro Económico Mundial. Son jóvenes entre las edades de 20 y 30 años, y su principal objetivo es incidir y hacer un proyecto que sea evidente, y así cambiar la situación de Managua.
“Nosotros vemos cuáles son las necesidades de los jóvenes y en qué podemos apoyarles. Para mí es todo un reto porque de esta manera demuestro el amor que siento por Managua”.