Adolfo Acevedo Volg(*)
Las propuestas que se han formulado para preservar la solvencia del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) del INSS implicarán una disminución drástica en el nivel de las prestaciones que se entregan a los pensionados en relación con los salarios medios de los cotizantes, y en general implicará adecuar los parámetros del sistema (nivel de cotizaciones, modo de cálculo de los beneficios, condiciones de elegibilidad) a la necesidad de asegurar en el tiempo la solvencia del INSS.
Desde el punto de vista de las finanzas del sistema de pensiones el progresivo deterioro previsto de la relación cotizantes/pensionados que ocurrirá en las próximas décadas, solo podrá ser compensada a través de tres opciones, si se mantiene todo lo demás constante: a) reduciendo drásticamente los beneficios de los pensionados en comparación al salario promedio; b) incrementando significativamente las tasas de cotización; c) aumentando la edad de jubilación y los años de cotización necesarios para jubilarse.
Dadas las características del patrón de crecimiento económico del país, entre las que destacan una elevada heterogeneidad estructural, un alto grado de informalidad del mercado laboral y un nivel promedio de productividad sumamente bajo, el logro de la sostenibilidad financiera del programa, bajo este escenario, solo podría lograrse a costa de comprometer los propios objetivos de la seguridad social, en términos de asegurar medios de sobrevivencia en la vejez al mayor número de ciudadanos.
Esto plantea la necesidad de evaluar en qué medida la viabilidad, tanto del programa IVM del INSS como del propio país, se vería afectada si se lleva a cabo un esfuerzo sostenido y de largo aliento orientado a modificar los parámetros económicos y sociolaborales subyacentes, por ejemplo el tipo de empleo que tiende a generar de manera predominante la economía, la evolución de la productividad laboral promedio y sectorial, y de los salarios reales.
Paul Samuelson, el conocido Premio Nobel de Economía, demostró hace ya cuarenta años que un sistema basado en la solidaridad intergeneracional como el nuestro no carece de una tasa de retorno económico real. Más aún, demostró que esta tasa de retorno, dado el coeficiente de cotización, es igual a la tasa de crecimiento del empleo más la tasa de crecimiento de los salarios reales, como reflejo del ritmo de crecimiento de la productividad. Esta formulación, que en un primer momento puede resultar de difícil comprensión en su exposición técnica, contiene una idea básica que resulta profunda, incluso desde el punto de vista intuitivo.
La implicación es que en un sistema solidario, en el que el pago de las pensiones de la generación en edad de retiro depende, de manera fundamental, de los aportes, esto es de las cuotas o primas de la generación activa, el crecimiento del empleo y de los salarios reales —que son los dos componentes que determinan la nómina salarial real sobre la cual recaen las cotizaciones que alimentan el sistema—, resultan ser los elementos cruciales para el buen funcionamiento de la seguridad social.
Lo anterior significa que el futuro de los regímenes solidarios de seguridad social no es independiente del estilo de desarrollo del país. Su viabilidad precisa de un estilo de desarrollo dinámico, equitativo y sostenible, capaz de generar un empleo decente y bien remunerado para los nicaragüenses en edad de trabajar, lo cual permitiría, además, aprovechar las posibilidades que brinda el actual proceso de transición demográfica.
Esto significa que “todo lo demás” no tiene por qué permanecer constante. Existe también una opción d) que consiste en aumentar de manera sistemática el número de cotizantes activos jóvenes al máximo posible, y paralelamente iniciar desde ahora un esfuerzo de envergadura nacional para lograr una mejoría general de la calidad del empleo que se genera y el incremento sistemático de la productividad del trabajo, tal que en los próximas décadas se incremente de manera fuerte y sistemática la base de cotizantes con empleo formal, de alta productividad, y sus ingresos reales.
Si no se produce la opción d), o se produce de manera insuficiente, es decir, sin mejorar desde ahora y de manera sistemática la calidad del empleo que se crea y la productividad promedio del trabajo a escala del país, el sistema prolongará su tiempo de existencia exclusivamente a través de las opciones a) b) y c), pero al final colapsará.
Como resulta evidente, ello representa, de manera obligatoria, la necesidad de replantearse de manera sustancial el actual patrón de crecimiento y desarrollo. Esto implicará i) la necesidad de desarrollar mecanismos de coordinación de esfuerzos e inversiones para el logro de ventajas comparativas dinámicas, ii) el desarrollo de mecanismos que aseguren el adecuado financiamiento de la inversión de mediano y largo plazo y la transferencia de tecnología, iii) mejorar de manera significativa la infraestructura económica y social del país, con énfasis en la infraestructura vial, la infraestructura básica y la energía, así como los mecanismos de comercialización y los servicios de apoyo, y iv) transformar y mejorar sustancialmente el desempeño, la calidad y pertinencia del sistema educativo y de capacitación y formación técnica y profesional y de investigación y desarrollo tecnológico. Por supuesto, el sistema tributario y presupuestario deberán ajustarse a los requerimientos de este cambio de rumbo.
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