Una misma noche

El escritor argentino Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara de novela 2012, estará en Managua el próximo lunes presentando

 

Marta Leonor González

El escritor argentino Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara de novela 2012, estará en Managua el próximo lunes presentando Una misma noche . Una historia que conecta con el pasado de la dictadura militar en Argentina y el presente, a partir de un hecho cuya repetición le dejó marcado: el asalto a manos de un grupo de soldados de una misma casa, en el año 1976 y, más de tres décadas después, en 2010.

La novela ganadora del Alfaguara es la ficción de un déjà vu de Leonardo Diego Bazán, un escritor en la cuarentena que se intuye como un alter ego literario del propio Brizuela. Él empieza a tirar del hilo a fin de establecer si existen vasos comunicantes. Sus pesquisas se centran en la enigmática figura de Diana Kuperman.

Es un relato, mediante un diálogo constante entre los años 2010 y 1976, que sirve de indagación y purga de una de las etapas más tenebrosas de la política argentina, que retrata a víctimas y verdugos.

Una misma noche es la novela ganadora del Alfaguara, a la que el jurado presidido por la escritora Rosa Montero, y compuesto por Montxo Armendáriz, Lluís Morral, Jürgen Dormagen, Antonio Orejudo y Pilar Reyes, ha expresado: “El estilo admirablemente contenido del autor, quien, con economía expresiva, consigue crear un texto perturbador e hipnótico”. Y ha añadido: la novela “indaga sobre la esencia del mal y la corresponsabilidad de cada uno en la violencia y la injusticia.

Brizuela realizará una única presentación en Managua, después de haber estado en Guatemala y El Salvador.

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Es autor también de la nouvelle El placer de la cautiva (2001), el libro de relatos Los que llegamos más lejos (Alfaguara 2002) y la novela Lisboa. Un melodrama (Alfaguara Perú, 2010; Alianza, 2010), entre otros libros.

Ha traducido a Henry James, Flannery O’Connor y Eudora Welty, entre otros autores. Colabora habitualmente en los diarios Clarín y La Nación, y coordina talleres de escritura creativa.

Estudió Letras en la Universidad de La Plata. Su primera novela, Tejiendo agua, escrita a los 17 años, obtuvo el Premio Fortabat 1985. También es cantante.

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Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara 2012, presentará su novela premiada, Una misma noche, el próximo lunes 17 de septiembre, a las 7:00 p.m., en Literato tienda de libros (Colonial Los Robles, de Plaza El Sol, cuatro cuadras y media al Sur, en Managua) como parte de su gira promocional para América Latina. La entrada es gratis.

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La locura de Onelli 

Escribí La locura de Onelli, un largo relato compuesto de unos doscientos cuentos brevísimos, entre 2001 y 2003. Las preocupaciones de esos días me habían hecho abortar una novela que prometía ser extensa y sólida. Al mismo tiempo, la necesidad de comprender, de dar sentido a aquello que vivíamos y sentíamos tan primitivamente como puro caos y disolución, me forzaba más que nunca a escribir ficción.

Y un día, de pronto, recordé a una casi centenaria dama de La Plata que, después de la publicación de una novela mía, me convocó a su casa para contarme una historia que podía interesarme. Hacia 1932, cuando esta ciudad tenía solo cincuenta años, había muerto su aya india, que había sido también aya de su padre y su abuela y su bisabuelo. Solo al encarar los trámites de inhumación, la familia reparó en que esta Faustina, mucho más que centenaria, “nunca había tenido papeles”, que “no existía”, lo que impedía también su entierro. Cuando el padre de esta señora, un juez famosísimo, consiguió arreglar más o menos desprolijamente las cosas, sus enemigos políticos lo denunciaron, sembrando dudas sobre las circunstancias de la muerte de la mujer, y cuando estas se despejaron por absurdas, sobre su modo de considerar y tratar a los sirvientes: una “campaña sucia” que —según contaban— había amargado a la familia durante décadas.

Por esos mismos días de la crisis, con cierta obsesión por la animalidad que se advierte en muchas otras ficciones contemporáneas (Gambaro, Oliverio Coelho, etc.), con esa pasión inexplicable en que yo ya había aprendido a detectar la inminencia de una nueva obra, yo devoraba una tras otra las bellísimas “Idiosincrasias de los pensionistas del Jardín Zoológico”, de Clemente Onelli: notas tomadas por el extravagante y genial director del Zoo de Buenos Aires entre 1905-1912. Y de pronto, en un sueño que tuve, ambas historias se unieron en otra que, literalmente, me arrebató. Esa historia —de la que aquí doy algunos fragmentos— puede resumirse así.

Salvatore Onelli, adoptivo de Clemente y como el director de Zoológico, pero de La Plata, hacia 1932 y ante la prohibición de enterrar a una criada india, decide dejar para siempre la ciudad, con dos colaboradores, un centenar de animales que elige por razones solo suyas, y el cadáver de la indiecita muerta, última sobreviviente del clan del famoso cacique Inacayal, que vivía en exposición en el Museo de Ciencias Naturales. ¿Adónde va Onelli? ¿adónde lleva ese cadáver en lo alto de una cureña? ¿Por qué esos animales y no otros? Ni los personajes ni yo mismo lo sabíamos —lo que iba dando origen—, paulatinamente, a la especulación generalizada y la leyenda.

Día a día, como si cada nuevo relato fuera el primero que escribía, apunté acontecimientos sucedidos a ese cortejo insólito que avanza hacia y por la Patagonia, asediada por la precariedad, la incertidumbre y el miedo a enloquecer —y cada relato lo “escuché” en la voz de un personaje distinto, salvo el propio Onelli, que permanece siempre igualmente decidido, mudo e incomprensible—. Y a cada día comprendía más claramente, de un modo oscuro pero lleno de felicidad, que esa multitud de testigos, colaboradores y enemigos de Onelli, fanáticos y hasta animales, eran una extraña transmutación de las preguntas que oía a cada paso, y que Onelli mismo era esa especie de dios castigador e imprevisible, amado y demencial que suele llamarse historia, o destino, o patria. Ese dios que nunca nos responde.

Leopoldo Brizuela

 

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