Los avances tecnológicos llevan aparejados una seria preocupación: el deterioro del idioma. Son las redes sociales donde se observa mayor cantidad de errores. La inmediatez de la comunicación, la premura y en ocasiones la falta de habilidad mecanográfica dan como resultado un desastre idiomático.
Alarma la forma cómo nos estamos comunicando. Estamos perdiendo la perspectiva en un aspecto fundamental: el instrumento mediante el cual podemos interactuar con los demás: nuestro idioma.
Todo lo que escribimos en Facebook, Twitter será escudriñado por nuestros amigos, los amigos de nuestros amigos y así hasta el infinito. Nuestro perfil es como un currículo, ciertas empresas cuando reclutan personal revisan las redes sociales. Escribir con errores de ortografía y redacción es como andar con ropa sucia o rota.
Los errores son de todo tipo, un muestrario vergonzoso de los “ripios” nocivos del español, por ejemplo hay ausencia de acentos, algunos para sortear este problema escriben todo en mayúscula, pero las mayúsculas se tildan obligatoriamente.
Hay muchos extranjerismos como okidoki, my God, yummi etc. Confunden ser con hacer. También a ser con hacer y haya con halla. Las H andan perdidas de las redes sociales y las Z, las C y las S andan revueltas de mala manera.
El panorama es desalentador, pero en nuestras manos está la medicina para esta enfermedad, creada por descuido o ignorancia.
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