Día de parque

Después de una ligera lluvia el sol calienta de nuevo. Poco a poco el parque Luis Alfonso Velásquez comienza a llenarse de nuevo. Los sábados y los domingos el lugar se pone a reventar, entre 10 y 12 mil personas lo visitan. Pero este miércoles, aproximadamente a las 4:40 de la tarde, luce semidesierto.

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Por Eduardo Cruz

Después de una ligera lluvia el sol calienta de nuevo. Poco a poco el parque Luis Alfonso Velásquez comienza a llenarse de nuevo. Los sábados y los domingos el lugar se pone a reventar, entre 10 y 12 mil personas lo visitan. Pero este miércoles, aproximadamente a las 4:40 de la tarde, luce semidesierto.

Aún así, las tres canchas de minifutbol, con una reluciente grama artificial y divididas entre sí por mallas, están copadas de jóvenes de diferentes barrios de Managua. Los que están dentro del engramado jugando, la mayoría con camisetas del Real Madrid o el Barcelona, luchan con fiereza por no dejarse ganar. Perder significa que saldrán a las gradas a esperar una eternidad para tener la oportunidad de un nuevo turno.

Los que se encuentran en las “gradas de espera” también luchan con fiereza, para que otros grupos que no están haciendo fila no se metan aprovechando algún descuido de los guardaparques, que son quienes llevan el orden de la fila. Lo más que permiten que dure un partido son ocho minutos.

—Vos sos el que siempre me armás el alboroto, ya te tengo fichado.

—¿Yo? ¿yo? Pero si es la primera vez que vengo, estás loco.

—Yo no sé, yo sé que vos siempre estás levantando masa. Andá hacé fila atrás.

—Oí este maje, ta loco, ta dormido el maje, los otros majes se le meten y dice que yo soy el que armo el alboroto.

En medio del bullicio y las discusiones se oye un grito: “Goooooooooooooooool”. Los perdedores salen de la calle recriminándose errores y con el ceño fruncido, mientras que el primer grupo en espera entra corriendo a la cancha y sin calentarse siquiera quieren empezar el duelo inmediatamente, con sed de estar en la cancha. Los que no llevan balones, en la gerencia del parque les prestan, pero alguien tiene que dejar su cédula.

Manuel Calero, de 18 años, vive cerca del parque, en el barrio Santo Domingo. En su barrio hay canchas, pero prefiere llegar al Luis Alfonso porque las canchas tienen buena grama. En otro lugar me puedo volar el pie”, dice. En cambio, Darwin Romero, también de 18 años, vive más lejos, en el barrio Bertha Calderón, contiguo a El Recreo. Allí también hay canchas, explica, pero “están desbaratadas. Del barrio vecino, el Andrés Castro, constantemente salen los “Chayo buses” (unos buses rosados descapotados) para el parque, pero él prefiere viajar en un bus de transporte colectivo junto con sus compañeros de barrio.

Los 20 guardaparques que cuidan el interior del parque andan rondando con un bastón negro en la mano en las 14 manzanas y media de terreno que mide el lugar. Uno de ellos se acerca a una de las cuatro áreas de juegos infantiles, parecidas a las que hay en los restaurantes de comidas rápidas, el que tiene un letrero que reza: “Solo para niños menores de 7 años”. El guardaparque con amabilidad le dice a un niño como de 10 años que no puede estar arriba del juego, pero inmediatamente recibe una andanada de palabras por parte de la progenitora del menor.

—Y vos quién sos para decirle a mi hijo dónde subirse y dónde no, no jodás m…

—Señora, su hijo se puede subir al otro que está allá…

—Baboso, como si esta chochada fuera de él.

Poco después, en el baño de los varones, otro guardaparque queda viendo a un joven que se lava las manos con el chorro de la llave tirando agua a borbollones. El funcionario del parque, con cara “de guardia”, le dice: “Bajale a eso, vos”. El joven, con cara de vergüenza, ni se termina de lavar las manos y sale con el rostro cabizbajo.

La tarde va cayendo en el parque Luis Alfonso. Es cierto que hay seguridad, pues además de los guardaparques 14 vigilantes cuidan en los muros, pero fuera del parque ya nadie responde por nadie. Lo mejor es irse temprano, aunque el parque abre a las 5:00 de la mañana y cierra a las 10:00 de la noche.

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