Matagalpa, admirable

Aún cuando las columnas de humo, generadas tras las siete fragorosas batallas de la Serie Final del beisbol ya se han disipado, y la vida volvió a ser normal en el resto del país, la imagen combativa de Matagalpa está intacta.

Aún cuando las columnas de humo, generadas tras las siete fragorosas batallas de la Serie Final del beisbol ya se han disipado, y la vida volvió a ser normal en el resto del país, la imagen combativa de Matagalpa está intacta.

Este equipo voló por encima de sus posibilidades reales. Se autoexigió y llevó su juego a otro nivel. Solo así iba a poder prevalecer en un torneo muy equilibrado y de considerable extensión, en este fueron quedando oponentes doblegados en el camino.

Matagalpa no era el mejor equipo de la liga al arranque, pero terminó siéndolo. Logró que todo su engranaje funcionara e hizo lo necesario para imponerse bajo cualquier circunstancia y en cualquier escenario. Sus méritos no tienen discusión.

Matagalpa no tuvo un ataque como el del San Fernando. Tampoco disponía de la agresividad y dinamismo de la Costa Caribe. Incluso, las cifras demuestran que el picheo del Bóer era superior. Sin embargo, su clave fue usar bien lo que tenía.

Y lo que tuvo fue su compromiso con su gente. Matagalpa disponía de brazos respetables en su staff (Berman Espinoza, Elvin Orozco y Wilder Rayo) y de un par de veteranos (Sergio Mena y Omar Herrera) que cargaron con el club, pero para hacer lo que hizo, necesitaba más.

Y ese extra, lo sacó de sus entrañas. Fueron sus agallas, su coraje y el compromiso, esa cualidad del carácter que nos capacita para alcanzar niveles que parecen fuera de nuestras posibilidades.

Solo así se puede sobrevivir a un empuje tan fuerte como el que ensayó el Bóer en los tres juegos anteriores, a la coronación de este Matagalpa admirable, al que Ramiro Toruño le sacó el extra.

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