Según anotan los cronistas, cuando los españoles llegaron a Nicaragua, la mayoría de las mujeres vestía naguas. Algunas las llevaban hasta la rodilla y otras, las principales que se arreglaban con más lujo, las usaban largas hasta el tobillo.
Todas se ponían encima una túnica de algodón llamada huipil, especie de camisón de muy variados estilos y sin mangas usado después también por las mestizas.
En la Nicaragua prehispánica el vestido tuvo un importante sentido cultural y su forma y calidad indicaban diferencias sociales.
Los varones usaban ceñideros largos y anchos y encima unos corseletes de algodón (especie de túnicas o corazas de malla) pintados o bordados de muchos colores. Se sabe también por los cronistas que en ciertas festividades solemnes usaban magníficos penachos de plumas multicolores. Tanto el hombre como la mujer, sin distinción de clases, usaban gutas (caites) de suela de venado.
Los colores brillantes eran la característica más importante de los trajes prehispánicos. Los indios eran muy industriosos y hábiles.
Con la llegada de los españoles la indumentaria tradicional empezó a modificarse con la introducción de nuevas técnicas textiles. Los miembros de la nobleza nativa adoptaron el traje español como símbolo de prestigio, usando finas sedas, medias, tiras bordadas, encajes, terciopelo, mantillas, mantones o rebozos, abanicos, capas y zapatos con hebilla.
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