“En Muelle me siento campeón mundial»

Durante los últimos Juegos Olímpicos de Londres los nicaragüenses estuvimos pendientes de la participación del boxeador Osmar Bravo, quien peleó en los 81 kilogramos.

Por: Eduardo Cruz

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Durante los últimos Juegos Olímpicos de Londres los nicaragüenses estuvimos pendientes de la participación del boxeador Osmar Bravo, quien peleó en los 81 kilogramos.

En esta conversación con la revista Domingo , Bravo nos explica cómo logró pasar del anonimato a ser una nueva promesa del boxeo nicaragüense, a pesar que se inició tarde, a los 23 años. Su vida es un ejemplo de cómo luchan los atletas nacionales y una lección sobre cómo debe ser el trato que se le debe dar a los deportistas para que se logren triunfos a nivel internacional.

::: ¿Cómo fue su infancia?

Bastante dura.

::: ¿Por qué?

Viví en Nueva Guinea cuando era pequeño, en el mero casco urbano. Teníamos que ir a clases, somos seis hermanos por todo. Mi mamá nos mandaba pero no podía darnos todas las cosas que necesitábamos. Las cosas eran difíciles y mi mamá estaba sola.

::: ¿En los estudios cómo le fue?

Estudié hasta segundo grado en Nueva Guinea.

::: ¿Por qué no siguió estudiando?

Yo era el único en mi sección que llegaba descalzo a la escuela. Pero yo iba porque quería aprender.

::: ¿Por qué no siguió llegando?

Nos fuimos para el campo, a la comarca Las Pavas, que pertenece a Muelle de los Bueyes.

::: ¿No hay escuela ahí?

No. Allí es el campo.

::: ¿A usted le gustaba estudiar o el campo?

Quería estar en el pueblo y estudiar, aprender deportes, porque siempre me gustaron.

::: ¿Qué deporte le gustaba?

Estaba de moda el futbol y otros como el basquetbol, pero yo era muy pequeño y no tuve oportunidad de jugar.

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::: ¿En el campo practicó algún deporte?

No. Un hermano mío, el mayor, que se había quedado en Nueva Guinea, estuvo un mes entrenando en una escuela de boxeo. Después llegó al campo promoviendo el boxeo y convocaba a todos los jóvenes de las comarcas aledañas y él nos daba un poco de entrenamiento físico y después nos ponía a guantear con unos guantes de trapo que él había hecho.

::: ¿Y usted?

A mí me empezaron a echar también con unos chavalos de mi tamaño. Yo tenía 11 años. Mis rivales eran un poco mayores porque allí no era con pesa sino que “este va con este” y así.

::: ¿Y cómo le fue?

La primera vez no me fue bien, porque me echaron a un muchacho bastante mayor y era mi primera pelea.

::: ¿Se asustó o le dio más ganas para pelear?

Me dio ganas de prepararme mejor. Estamos hablando de que un mes de entrenamiento de mi hermano no bastaba para enseñarnos a nosotros. Pero nosotros seguimos, en Muelle de los Bueyes había escuela de boxeo en ese entonces. A los 15 años llego a Muelle de los Bueyes pero ya la escuela había caído, ya no había boxeo. No pude entrar al boxeo, entonces entré al futbol. Cuando yo tenía 23 años surgió la escuela de boxeo nuevamente.

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::: ¿Y qué hizo entre los 15 y los 23 años?

Estudié por la noche y trabajaba. Mi primer trabajo aquí (Muelle de los Bueyes) fue en una trocha que se estaba haciendo de Muelle hacia la comarca de Las Pavas. Era quebrar material con barra y con mazo, hacer pedazos pequeños la piedra para poder revestir la trocha.

::: ¿Durante ese tiempo no boxeó?

No, el boxeo ya no existía para el Muelle ni para mí, porque ya nadie promovía eso aquí. Lo que había era futbol y baloncesto y eso practiqué. Yo tenía ilusiones en el futbol, de tal vez llegar a la segunda división. Yo me entrenaba y me quería superar y siempre era titular en el equipo. Sacaron una selección municipal de aquí y participamos contra El Rama, Nueva Guinea y quedamos campeones. Yo fui uno de los jugadores más destacados, me felicitaron varias personas.

::: ¿Qué posición jugabas?

Defensa central. Tal vez, decía yo, un día vamos a un campeonato nacional y alguien confía en mí y me ascienden a una segunda división. Ese era mi sueño. Pero pasaron tres años y nunca salimos de aquí del municipio.

::: ¿Y al boxeo cómo regresaste?

Al ver un muchacho que estaba al frente de la escuela cuando la sacaron, se llamaba quien en vida fuera Henry Aguilera Castellón, ese fue el presidente con José Santos Gutiérrez, esos dos formaron la escuela y el finado Henry al ver que yo me destacaba en el futbol y en el baloncesto me anduvo buscando y habló conmigo que si quería entrar a practicar boxeo. Yo le dije que sí porque ya había tenido la oportunidad en el campo, pero con muchas limitaciones, y no había tenido la oportunidad de ir a una escuela. Lo que se aprendía era ganancia.

::: ¿A qué edad te metiste en una escuela entonces?

Alos 23.

::: ¿Y tus primeras peleas?

La primera fue con un muchacho de los mejores de aquí del Muelle, “Cajeta”. Me dio miedo porque lo miraba bueno. Empezamos y como a los 20 segundos que comenzó la pelea ya no pudo porque se le desencajó el brazo derecho del hombro. La gente no se percató de eso y creía que yo lo había noqueado, pero era que se le había desencajado producto del intercambio de golpes. El segundo que enfrenté era de Tipitapa y en diez segundos le gané. Sonó la campana, salí sobre él a tirar golpes y se corrió. No quiso seguir. Eso me fue levantando la autoestima y la gente que me decía que podía llegar largo. Así empezó la carrera.

::: ¿Sus entrenadores?

Nelson Berríos, Javier Nicaragua y Rogelio González, que fue quien me llevó a ser campeón nacional, en 81 kilogramos.

::: ¿Y cómo llegó a ser olímpico?

Todos los campeones nacionales conforman la selección y como yo he sido campeón los últimos tres años he tenido que representar a Nicaragua en la selección a nivel internacional. Y los resultados, cada vez que salgo aunque sea una pelea siempre he ganado.

::: ¿Cómo se sintió cuando clasificó para los Juegos Olímpicos?

Mi primera pelea internacional fue en el 2008, en Guatemala, en el preolímpico, para Beijing, pero yo no tenía ni idea de qué significaban unas olimpiadas, lo importante era estar en unos juegos olímpicos, porque mi desarrollo ha sido en el campo, fuera de las noticias, fuera de todo eso. Perdí con un puertorriqueño, todo el equipo nacional perdió, solo una pelea se ganó. De ahí yo empecé a ver la propaganda de los juegos olímpicos cuando se iban acercando y después cuando ya empezaron en Beijing, ahí me di cuenta de lo importante que eran los juegos olímpicos. Yo me dije que yo estuve ahí y que tuve la oportunidad para clasificar, pero yo era muy nuevo y no tenía la experiencia. Ahí fue cuando yo dije que me iba a preparar para los próximos juegos y clasifiqué en el preolímpico de Río de Janeiro. Sentí que se me había cumplido un sueño de cuatro años.

::: ¿Qué tan difícil fue?

A veces no tenía muy buenos resultados en las competencias internacionales y hay gente que le dicen a uno cosas negativas, “ya no servís”, “retírate”, “buscá cómo trabajar y estudiar”, cosas así, o personas que nos les gustaba que yo anduviera en la selección, entonces decían: “Ese ya tiene tiempo de andar en la selección y nunca trae buenos resultados”, “ya está bueno que lo cambien”. A mí me decían andan diciendo esto de vos y yo les decía: “Que me ganen en el campeonato nacional y yo me voy, pero primero me tienen que ganar”. Me preparaba más fuerte para que no me ganaran el campeonato y seguir en la selección.

::: ¿Cómo recibió su familia la noticia de que ibas a los juegos olímpicos?

Yo me comuniqué con mi mamá. Ella le comunicó a las personas de acá (Muelle de los Bueyes) y todos contentos. Hicieron una celebracioncita.

::: ¿Y cómo te preparaste para los juegos olímpicos?

Estuve unos días en Muelle de los Bueyes, corriendo, nadando, golpeando el asiento de una moto que era mi sandbag que tengo yo, y los hules de un neumático los ocupo para fortalecer mis brazos, y abdominales, y cuerdas y correr. Eso es lo que hacía yo. Posteriormente me llamó el director del centro de rehabilitación Mahanaim, en La Dalia, que él es miembro de la Federación Nacional (de boxeo), él me tiene mucho aprecio y sabe de las limitaciones que tenía para entrenar y me dijo que me fuera para donde él para entrenar con los chavalos y que me iba a facilitar la dormida y la alimentación, que lo que querían era que me entrenara bien para ir a representar a Nicaragua.

::: ¿En Muelle de los Bueyes qué comías?

Lo básico. Arroz y frijoles, cuajadita, leche, y yo compraba mis vitaminas y aprendí a inyectarme solo. Compraba Complejo B12 y día de por medio me las inyectaba, para poder entrenar y estar bien.

::: ¿Pero a usted qué es lo que más le gusta comer?

El gallo pinto, queso, tajadas de maduro, fresco de naranja, leche.

::: ¿Lo que no le gusta?

No me gusta que la comida lleve mucho ajo.

::: ¿Con la ropa, implementos deportivos, cómo hizo?

Con lo que yo tenía, con eso entrenaba. Los amigos de aquí de Muelle de los Bueyes me daban para comprar zapatos si yo no tenía.

::: ¿Y el Gobierno lo ayudó?

Por medio de la Feniboxa. Ya cuando estábamos reconcentrados, esos gastos son asumidos por el Gobierno.

::: ¿Cómo fue su llegada a Londres?

Lo sentí helado. Pero en Ecuador era más helado todavía. Yo estaba muy concentrado, ya sabía lo que quería y como ya estoy acostumbrado a estar fuera de la casa. Yo siempre estaba pensando en la visión, en lo que yo quería alcanzar.

::: Usted sabía que el país estaba pendiente de usted…

Sabía que había transmisión televisiva y radial y que estaban esperando. Yo me comunicaba con mi familia y me decían que aquí en el municipio todo el pueblo estaba esperando lo que pasara. Cuando gané la primera pelea, el pueblo se levantó y armó una caravana, con chicheros, reventando pólvora y salieron por todo el pueblo celebrando. Para la próxima pelea iban a estar con pantalla gigante.

::: ¿Qué tan nervioso estaba en la primera pelea?

Me dio un poquito de nervio, pero cuando estaba en el vestidor, pero cuando subí al ring se me fue el nervio.

::: Cuando perdió el primer round, ¿qué pasó?

Estaba un poco desmoralizado y pensé en acelerar más la pelea, porque no podía dejar ir esa oportunidad. Cuatro años estar esperando ese sueño y dije “voy a tirar todo aquí”.

::: ¿Qué hizo de diferente?

Dejé de trabajar arriba y empecé a trabajar abajo del cuerpo y miré que me dio resultado, porque él recibía la mayoría de los golpes. Pude empatar en el segundo y al final gané. Me di cuenta que era el segundo nicaragüense que ganaba una pelea de boxeo en los juegos olímpicos. Marcos Romero fue el otro, hace 20 años. Me di cuenta que Nicaragua estaba alegre, leí los periódicos.

::: ¿En la segunda pelea qué pasó?

No lo pude definir. Ahí no se conocen a los rivales hasta el momento de la pelea. Yo vi dos peleas de él, pero se miraba mucho más lento, porque él pelea en 85 kilos en su liga profesional, para 81 kilos, cuatro kilos menos, parece que eso le dio más velocidad, estaba más rápido conmigo.

::: ¿Pegaba fuerte?

Decir que le sentí la mano fuerte no, pero lo que tiene es que él era insistente. Tiraba golpes por todos lados y se mueve bastante bien, camina bien en el ring y todo eso hizo deslucirme.

::: ¿Fue grande la tristeza?

Sabía que todo el país estaba pendiente de lo que estaba pasando allá y me sentí desmoralizado porque dije: “Quedé en deuda con mi pueblo, todo mi pueblo quedó esperando el resultado que les diera alegría como en la primera pelea y no pude. Me sentí triste, pasé como cuatro días afligido. Me decían que no me afligiera, que todos pierden, pero eso no me hacía cambiar a mí, me sentía siempre triste y hasta no quería venir a Muelle de los Bueyes. Yo decía: “Me voy a quedar en Managua, no quiero llegar a Muelle porque allá está la gente… y no quiero que me miren, no voy a soportar verlos”. Yo aspiraba a una medalla.

::: ¿Logró superarlo?

Lo único que me hizo cambiar fue que el campeón cubano, el favorito, ganó un combate y perdió el otro. Entonces dije yo: “El campeón mundial ganó una pelea y perdió una y yo que no soy campeón gané una pelea y perdí otra, estoy a la par del campeón mundial, aquí la cosa no es suave porque hasta el campeón perdió, todos son buenos los que están ahí.

::: ¿En qué pensaba cuando venía en el avión de regreso?

En que si nosotros nos ponemos a guantear con gente de esa categoría, como los europeos, que son los más fuertes ahora en el boxeo, que si la Federación nos saca más a nosotros, que nosotros podemos subir más el nivel de boxeo. A los boxeadores de América ya los conocemos, pero los boxeadores de América se quedan cortos ante los europeos, que son los que se llevan las medallas.

::: ¿En Nicaragua quién lo recibió?

Mi mamá, la Asociación de Boxeo y mi familia, mi tía. Y los medios de comunicación.

::: ¿Y el presidente Daniel Ortega qué le dijo?

Me recibió el sábado antepasado. Me felicitó porque representé dignamente al país y me dijo que él estaba pendiente, que miró las dos peleas y que lo miró bastante superior al otro y que él estaba pensando que tal vez me iba a dejar noquear. Me dijo que el país estaba alegre cuando gané mi primer combate y le pude mandar un mensaje al mundo, que Nicaragua estuvo presente en los juegos olímpicos. Y me dijo que como reconocimiento de eso me iba a regalar una vivienda y un taller de ebanistería.

::: ¿Ya recibió eso?

Él me dijo que si quería en Managua o si me gustaría en Muelle de los Bueyes y yo le dije que me gustaría en Muelle de los Bueyes, porque además de que aquí está mi familia, aquí está toda la gente que me ha ayudado desde cuando inicié mi carrera boxística, hay muchos niños y jóvenes que están entusiasmados con lo poco que he hecho y que a mí me gustaría poder ayudarlos, iniciarlos al boxeo o a algún deporte que a ellos les parezca, poderlos inducir a que practiquen un deporte. Ellos están motivados y yo quiero aprovechar eso, si yo lo hice poco tarde, que ellos empiecen temprano.

::: ¿Y para cuándo va a tener la casa y el taller?

Él me dijo que consiguiera un terreno y que iba a mandar al ingeniero que me iba a arreglar eso y empezar la construcción de la vivienda. Lo que me está atrasando ahorita es encontrar el terreno, eso es lo que ando haciendo ahorita.

::: ¿En el mismo lugar de la casa ahí va a estar el taller?

Sí. El terrenito de la casa de mi mamá es muy pequeño.

::: ¿Qué ha hecho desde que vino de Londres?

Aquí tuvimos un recibimiento grande como si fuera campeón mundial. Cuando vine a Muelle de los Bueyes estuvo emocionante. Ahí sí me sentí como campeón mundial.

::: ¿Qué es lo que más le ha emocionado de esta experiencia?

Hicieron una caravana desde un poblado antes de llegar a Muelle de los Bueyes. Venía en la caravana y todas las personas salían de sus casas a la orilla de la carretera a saludarme, porque yo venía en la tina de una camioneta. La gente se salía, gritaba. Hay un hospital nuevo que hizo el comandante Daniel Ortega y hubo como tres pacientes que se salieron, estaban vendados en una mano, pero salieron a la carretera y con la mano que tenían buena me saludaron y me dio alegría. Me conmovió.

::: ¿Cuáles son sus metas ahora?

Prepararme. El Gobierno dice que me van a dar más apoyo, para que yo pueda ir a los próximos juegos olímpicos, primeramente Dios.

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