Desde hace muchos años descubrí la educación como el campo laboral más maravilloso de servicio a la humanidad. En esta vocación es donde el hombre adquiere su estatura perfecta, donde se va haciendo persona a medida que su realidad se va configurando y de esta realidad el hombre va adquiriendo su perfil, su rostro de “maestro”, de educador, con la tarea singular de “educar en la escuela para vivir en la vida”.
Lo estamos haciendo, cuando logramos desarrollar en los educandos actitudes nuevas que les capaciten para actuar, pensar y sentir de una manera autónoma y —a través de la educación— humanizamos y liberamos a los alumnos para que ellos, como seres humanos y pensantes, analicen su yo y la realidad en la que viven, con lucidez y calma. Es nuestro deber dotar a los niños y niñas de nuestras escuelas, de conceptos básicos que les permitan fortalecer su capacidad de interpretar de forma clara y objetiva el mundo en el que viven y van creciendo.
A través de estos años he sido testigo y partícipe de los cambios en las formas de enseñar de los maestros y en las de aprender de los alumnos. Los he acompañado en el proceso de transformación curricular para garantizar día a día a nuestros niños y niñas una educación integral, pertinente y de calidad, factores que les garanticen el éxito escolar construido paso a paso.
Por ejemplo, si introducimos en el currículo tecnologías informáticas, con esta metodología es posible ofrecer a nuestra niñez la oportunidad de construir nuevas rutas de aprendizaje y abrir al estudiante puertas al mundo del conocimiento virtual, permitiendo crear un ambiente adaptable a las diferentes maneras de enseñar de los docentes, sin olvidar la realidad que viven nuestros alumnos.
Esto representa un reto para todos los miembros de nuestra comunidad educativa. Hay que cambiar paradigmas, romper esquemas, lo que no es nada fácil para el ser humano, porque implica un cambio de actitud que le permita modificar su trayectoria docente: de una metodología tradicional a una más activa y participativa.
Como educadores tenemos que vencer el temor, el escepticismo y la cautela para encontrar una nueva manera de enseñar a través del intercambio de experiencias. Tenemos que asumir el compromiso de capacitarnos en el uso de la tecnología como herramienta para fortalecer los procesos de Enseñanza Aprendizaje.
En el presente siglo es imperativo reconocer y adoptar nuevas estrategias pedagógicas, metodológicas y tecnológicas que nos permitan guiar al niño, para desarrollar su espíritu creativo y enseñarle a hacer, a ser y a conocer. Para esto no podemos permanecer estáticos. Debemos emprender la senda del cambio porque “Estamos educando en la escuela para vivir en la vida”.
*Directora Académica de la Escuela San Francisco de Asís, Diriamba, Carazo.
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