Nos consuela la manía del pintor Bonnardpersiguiendo en los museos sus propias obras para darles aún ahí una última pincelada milagrosa.Pinceles en los bolsillos la paleta oculta en el blusón de trabajo instalaba su caballete invisible al pie del cuadro admirado y manos a la obra afinaba la redondez de una caderaconcluía una mirada al fondo de un ojoesfumaba una hebra de peloimposible en la poca luz de la estancia.Los guardianes lo conocían y el pintor Bonnardmuchas veces fue invitado a abandonar la sala.Manía de un maestro a nosotros consolándonosaprendices hojeando viejos cuadernos laboriososborramos palabras que fueron esbozos de paisajes pasajerosadecuamos el tono de entonces con la experiencia del tiempore-escritura del ahora que nos imponemosde una forma a otra de un silencio a otro sin trazo que desborde los más logrados colores.
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