Rubinstein en el piano

Se acaba de homenajear a Don Antón Rubinstein, pianista, director de orquesta, pedagogo y compositor ruso (1829-1894), fundador del Conservatorio Imperial de San Petersburgo, en todos los centros docentes de la música, existentes en su país de origen.

Se acaba de homenajear a Don Antón Rubinstein, pianista, director de orquesta, pedagogo y compositor ruso (1829-1894), fundador del Conservatorio Imperial de San Petersburgo, en todos los centros docentes de la música, existentes en su país de origen.

El reconocimiento por la vía de la ilustración no nació de una justificación de efemérides coyuntural como la de valerse del advenimiento o del ocaso de su vida. Esta vez fue para dejar instaurada una disciplina para que él esté siempre presente en el ideal de las generaciones como cátedra permanente.

Ciertamente el aporte que hizo al piano cuenta con pocos antecedentes parecidos a los suyos. Pueden mencionarse nombres pero estos son realmente pocos. Todos los autores puestos en los conciertos, en los cuales fue solista absoluto, fueron galardonados. Los imperecederos y paradigmáticos en la especialidad pianística.

Hizo extracción y absorción de las maravillas concebidas para su orquestación, para su intimidad. Siempre que mantuvo y sostuvo su posición de solista sintió trascender, hacer pública la vida intestina de las cuerdas y de su teclado. El piano, según su criterio, “El amigo más cercano del hombre”.

Ese concepto ejerce un reflejo inmediato. La confesión de que su mejor aliado y el afecto de sus antepasados fue el piano, razón por la cual siempre anduvo con la tesis de que había que enseñarlo en todas las civilizaciones, porque cumplir con esa tradición “era de un gran beneficio para la humanidad”.

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