Javier Arana
Una vida dedicada al cine, Franklin Caldera platicó sobre su vida como crítico de cine y poeta en la actividad El autor y su obra, que promueve el Festival de Poesía de Granada y el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. “Me contaron que me llevaron a ver a los 2 años una película que se llamaba Juana de Arco con Ingrid Bergman y José Ferrer, y desde ese día todo lo que yo jugaba, todos mis juegos, todas mis actividades, giraban en torno a mis recuerdos del cine”, cuenta Franklin Caldera de sus inicios en el mundo del cine.
Su madre, oriunda de Estados Unidos, nunca se aclimató a Nicaragua. Su refugio era el cine. De ahí el prematuro contacto de Franklin con las películas. “Mi mamá no se bachilleró, pero ella tenía una gran sensibilidad artística y una gran cultura. Me inculcó el amor por la música clásica y la pintura. Pero sobre todo compartía conmigo su amor al cine”.
Su niñez fue igual a la que describe el escritor Jorge Vidal: “No necesité más compaña que mis libros, mis películas y mi imaginación.
Viviendo en Managua, luego de una breve estancia en La Habana, Cuba, el joven Franklin tuvo contactos visuales con el cine, no específicamente con las películas.
“Uno de mis grandes placeres de la niñez fue asomarme al balcón todos los jueves a ver a los trabajadores subir por unas escaleras cambiando las letras para poner el nombre de la película que se iba a estrenar ese jueves en el cine González. Me encantaba también ver los cartelones del teatro, algunos gigantescos”.
El Crítico
“Como a mí me gustaba tanto el cine, a un tío mío se le ocurrió regalarme un libro de cine en inglés: I Lost It At The Movies . Esa lectura fue para mí apasionante y de tanto leer esas críticas de Pauline Kael, que eran espesas, profundas, fui aprendiendo inglés y fui llegando a conocer lo que realmente era la crítica de cine y descubrí la cinefilia”.
Luego, ya en el exilio en Estados Unidos, se dedicó en el campo intelectual a la crítica de cine.
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