DAMASCO/AFP
La explosión de un cochebomba ayer en un funeral en un barrio periférico de Damasco, favorable al régimen, dejó 27 muertos, en momentos en que el ejército bombardea barrios de la capital, Alepo e Idleb, en un intentó de acabar con la resistencia rebelde.
Frente al recrudecimiento de la violencia, el número de sirios que huye a países vecinos aumenta y la comunidad internacional trata de buscar la manera de ayudarles, ante la falta de consenso sobre una solución al conflicto que desangra Siria desde hace más de 17 meses.
Ayer, al menos 97 personas murieron en la violencia que afecta al país, entre ellas 62 civiles, 11 rebeldes y 24 soldados, según un balance provisional del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que no tiene en cuenta los 12 muertos del atentado.
El vicepresidente Faruk al Shareh, que apareció por primera vez en público tras un mes de especulaciones sobre su posible muerte, expresó que la solución pasa por “un fin de la violencia de todas las partes” que permita “un diálogo nacional”.
Unos veinte partidos y movimientos políticos de la oposición no violenta al régimen de Bashar al Asad afirmaron ayer en Damasco que quieren establecer un régimen democrático sin recurrir a las armas, para evitar que Siria se transforme en un país devastado.
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