Por Eduardo Cruz
“Ella es para mí la mejor periodista de sucesos en este país”, dice Eduardo Enríquez, jefe de Redacción del Diario LA PRENSA, sobre Elízabeth Romero, la periodista que cubre las fuentes de la Policía, el Ejército, el Ministerio de Gobernación y los organismos de Derechos Humanos.
“Conoce bien sus fuentes en la Policía, la Fiscalía, conoce bien las leyes, tiene mucho olfato periodístico, ve lo que no ven otros, y es una mujer que trabaja sin agotarse prácticamente entre 12 y 15 horas diarias”, agrega Enríquez.
Manuel Esquivel, un fotógrafo que la ha acompañado en diversas coberturas periodísticas, la define como una persona enérgica, hiperactiva.
A Romero, una mujer de baja estatura, de cuerpo menudo y ojos pequeños, la podría definir una anécdota que ocurrió cuando el excontra Tirso Moreno tomó por asalto la redacción de LA PRENSA en el año 2004, con dos pistolas en la mano dispuesto a matar a cualquiera solo porque había muerto asfixiado un hijo del expresidente Arnoldo Alemán.
Algunos compañeros a modo de broma dicen que Tirso casi sale loco de LA PRENSA por la carga de preguntas que le hizo Romero, mientras el excontra mantenía secuestrados a más de una decena de periodistas.
La verdad, explica Esquivel, es que Romero mostró valentía enfrentándose al secuestrador, a quien le preguntaba qué era lo que pretendía con su vandálica acción. Tirso Moreno solo la ponía a hacer llamadas a personajes como el cardenal Miguel Obando y Bravo.
Romero es “chontaleña pura”, dice ella misma. Aunque por accidente nació en Tipitapa (Managua), fue criada toda su niñez y adolescencia en Juigalpa. Nació el 26 de enero de 1959, como la penúltima hija de los chontaleños Gonzalo Romero, un agricultor y María Inocencia Ramos, una artesana.
“Las Ramos”, así le decían a ella, a sus tres hermanas y a su mamá, por el apellido de su madre. Aunque la mayoría de las personas creían que era porque en la casa se hacían y vendían ramos de flores. La abuelita, doña Chepita Ramos, había iniciado el negocio de las flores.
A la vez que estudiaba, Elízabeth ayudaba a su mamá con el negocio de las flores como una contribución en el hogar. “Así crecí, combinado el estudio con la venta de flores. Hoy pienso que el trabajar desde pequeña me fue formando”, analiza Romero.
Sus hermanas preferían realizar oficios domésticos, por lo que Elízabeth se fue desarrollando como en una especie de gerente de ventas del negocio familiar, ya que a ella, a los 12 años, le correspondía ubicar el producto donde los clientes. “Ellos me regateaban los precios y yo negociaba”, recuerda.
Cronista deportiva
El trabajo de las flores era bastante manual y la mente de Elízabeth estaba libre para maquinar. Eran los tiempos de la radio, de las transmisiones deportivas. “No me lo vas a creer, lo primero que yo quería ser era periodista, pero yo quería ser cronista deportiva”, dice Romero, quien se sabía los nombres de todos los peloteros del país, pero a ninguno les conocía el rostro.
Los padres de Elízabeth no tenían muchos recursos económicos, pero ni a ella ni a sus hermanos les faltó el estudio. “Admiro a mi madre, nos inculcó muchos valores, que cuando uno ya es grande esos valores son muy importantes”, señala.
En 1975 Romero se estaba bachillerando junto con dos de sus hermanas, María Josefa y Nohemí. El problema fue que las tres iban a ir a la universidad al año siguiente y “la bolsa no daba”.
En el año 1976 no hubo estudios. Pero en 1977 las tres hermanas llegaron a Managua y consiguieron trabajo como maestras. Dos de ellas, Elízabeth y su hermana mayor Nohemí, en la escuela de primaria de la comunidad de Los Cedros, a 29 kilómetros de la capital.
Elízabeth daba clases por la mañana, y por la tarde se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en la carrera de Economía. Eran los tiempos de la guerra de insurrección contra Somoza y la familia le había dicho que mejor no estudiara Periodismo porque era muy peligroso.
Al principio era difícil. A los maestros principiantes les pagaban por vez primera hasta los tres meses y había que viajar todos los días. Además, de 1977 a 1979 fueron años perdidos en la universidad, porque la Guardia Nacional se presentaba casi a diario en la UNAN y los estudiantes tenían que salir corriendo a esconderse. Principalmente, la economía no estaba inventada para Elízabeth. Lo de ella era el periodismo.
En la Escuela de Periodismo
En 1980, después del triunfo de la Revolución, Elízabeth comienza de nuevo desde cero en la UNAN, en la carrera de Periodismo. Y mientras estudiaba, continuaba dando clases en Los Cedros.
Llegó a ser la directora del Núcleo de Educación Rural (NER) de la zona, en donde le correspondía supervisar siete escuelas.
En la universidad tuvo como maestros, entre otros, a Juan Molina y a Julio Guerrero. Y entre sus compañeros de clases se encuentra la hoy alcaldesa de Managua, Daysi Torres.
Cuando le faltaba un año para terminar la carrera, un organismo alemán le otorgó una beca para que trabajara por tres meses en radio Sandino. El organismo le pagaba el sueldo para que en la radio le permitieran tener experiencia. Tuvo que dejar a sus estudiantes por esos tres meses.
En esa radio tuvo una experiencia que le ayudó a conocer cómo funcionaban las cosas en el país. En la radio había otros dos estudiantes becados y uno de los tres se quedaría trabajando después de finalizados los tres meses. Alguien le “sopló” que los jefes tenían el mejor concepto de ella, pero quien se quedó trabajando fue otra persona que ni siquiera había salido a la calle a reportear porque veía noticias internacionales, pero estaba “organizada” en el partido gobernante y ella no. “Ni siquiera está en Amnlae (Asociación de Mujeres Sandinistas)”, dijeron.
Elízabeth salió en esa ocasión de la Sandino con un reto: Volver como periodista a esa radio. “Yo quería demostrar que yo no necesitaba un broche (de un partido) para poder trabajar como periodista”, recuerda.
La universidad la terminó en 1984, y su promoción fue la primera de la era revolucionaria, pero la última de periodismo en la UNAN, ya que la carrera fue trasladada a la Universidad Centroamericana (UCA). En la actualidad ha tenido problemas porque en archivo de la UCA no tienen esa información y la han visto como sospechosa de que ha inventado las notas, a pesar de que tiene un diploma de la UCA y un título de la UNAN.
Los primeros pasos
Estuvo poco tiempo con él, pero aprendió bastante. En 1984, después de graduarse, Elízabeth trabajó en el noticiero radial Sucesos , del periodista ya fallecido José Esteban Quezada.
Se fue de Sucesos porque Barricada , el diario oficial del sandinismo, abrió un proyecto de renovar corresponsales en los departamentos. Era la oportunidad que deseaba, ya que para conseguir trabajo necesitaba experiencia y como corresponsal en los departamentos no se la pedían. La enviaron a Boaco.
“Todavía estoy analizando esa época”, asegura Romero. En realidad, aunque tenía un jefe en la redacción de Barricada, quien le orientaba qué era lo que debía hacer era el Departamento de Agitación y Propaganda (DAP) del partido sandinista.
La prueba de fuego que la mandaron a realizar fue viajar a una zona de guerra, en Bocana de Paiwas.
Meses después la tomaron de sorpresa y le dijeron que se iba a El Rama, solo con la ropa que andaba puesta. En realidad la enviaron a Wapí, un lugar más adentro de El Rama, en una zona de avanzada del Ejército sandinista, que estaba limpiando la zona para que la Contra no tuviera base social en el lugar.
Lo que ocurrió es que la Contra atacó de sorpresa, cuando los sandinistas estaban bañándose en un río. El fotógrafo que andaba con Elízabeth era nuevo, Francisco Escobar, quien ahora labora para el poder judicial, y en vez de agarrar la cámara se armó con un fusil.
A Elízabeth le correspondió hacer de enfermera, ayudándole a un médico a curar un herido del cual aún ella recuerda su rostro. De ese lugar tuvo que salir a medianoche, en una panga en la que trasladaban a un muerto, mientras un soldado iba señalando a través del río los lugares donde había habido una emboscada.
Después de esa experiencia, Elízabeth reflexionó: “Yo soy periodista, yo no soy militante de ningún partido. Aunque yo estaba clara de que le trabajaba a un partido, pero defendí a capa y espada mi profesionalismo”, recuerda Romero, quien desde ese momento solo obedecía instrucciones de su jefe de redacción y ya no de el DAP. Luego, escuchó rumores de que el DAP había pedido su despido.
Volvió a la Sandino
En 1989 Elízabeth regresó triunfante a la Sandino. Allí estuvo hasta 1994, cuando los sandinistas gobernaban “desde abajo”.
Pasó por radios de Granada y Jinotepe, hasta que recaló en el diario La Tribuna de Haroldo Montealegre. Allí tuvo otro maestro en el área de sucesos policiales, Annuar Hassan. Después llegó al Diario LA PRENSA por dos años y luego al periódico La Noticia.
De Canal 8 la llamaron para ser coordinadora y dirigió a periodistas que hoy son directores de noticieros televisivos.
Desde hace más de 10 años que está de nuevo en LA PRENSA.
Desde que llegó a La Tribuna la encasillaron en al área de la Policía, una estigma que no se ha logrado quitar y que ella rechaza porque asegura puede cubrir cualquier tipo de noticia.
En los últimos días ha estado ocupada viendo el caso Fariñas y desde este viernes está reporteando el caso de los supuestos periodistas mexicanos de Televisa que resultaron no ser tales. Por algo es la mejor periodista de Sucesos, a como dice su jefe Eduardo Enríquez.
Lo único que ella sabe es que le paguen lo que le paguen, ella nunca puede desmejorar la calidad de su trabajo y, si se lo piden, es el mejor consejo que puede dar. “En 28 años mi profesión ha sido mi vocación”, dice Romero, quien a sus 53 años espera llegar a los 60 siendo periodista y quizá volver a la docencia.

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