Valiente

En la Escocia medieval la princesa Mérida enfrenta un dilema. La tradición dicta que debe esposarse con el príncipe de un clan aliado, elegido durante unos juegos marciales.

Por Juan Carlos Ampié

En la Escocia medieval la princesa Mérida enfrenta un dilema. La tradición dicta que debe esposarse con el príncipe de un clan aliado, elegido durante unos juegos marciales. Pero ella, con su espíritu indómito, se resiste. Simplemente no quiere casarse. Así, choca con su madre, la reina Elinor. Desesperada, Mérida recurre a una hechicera para conseguir un encantamiento que cambie a su madre. Y vaya que sí lo hace. Para volver a la normalidad y rescatar a su madre, Mérida tendrá que recurrir realmente a su ingenio y valentía.

La decimotercera producción de Pixar, ahora bajo el ala de Disney, supone un parteaguas en la historia del estudio. Es la primera vez que el papel protagónico corre por cuenta de un personaje femenino. Además, la relación principal del filme es entre dos mujeres, madre e hija. Y el catalizador de cambio es provisto por otra mujer, la hechicera. Esta es una película feminista en el mejor sentido de la palabra. Su fineza narrativa reserva el escenario para las mujeres sin que se sienta como un menoscabo a los hombres. La empatía que generan tan poderosa, que derrumba todas las barreras culturales que separan a los géneros. Es una comedia dramática decididamente humana.

En términos de forma, es instructivo comparar esta película con las recientes producciones animadas que han conquistado la taquilla. Las últimas entregas de las franquicias de Madagascar y La Era del Hielo favorecen frenéticas escenas de acción construidas a través de imágenes editadas a alta velocidad. Los fotogramas apenas permanecen suficiente tiempo en pantalla para discernir la impresión de movimiento. Es difícil, por no decir imposible, ubicarse espacialmente en la realidad de la película y entender el desplazamiento, y la relación entre los personajes y los objetos. Las reglas de la física, la causa y el efecto colapsan. Quedamos con la impresión del movimiento, y no con el conocimiento de sus parámetros. Pasó “algo”. El cómo y el qué, se funden en la confusión. Este problema se ve exacerbado, a mi parecer, en la proyección de 3D. La profundidad supone otro elemento a procesar en menos tiempo.

Los artistas de Pixar practican el arte cinematográfico con un sentido clásico. Incluso en las escenas de acción, la composición y la edición son transparentes. Nunca nos dejan a la deriva. Sabemos exactamente qué está pasando, y por qué. Eso hace que la película sea más envolvente. Y su ya legendario talento para construir paisajes bellamente detallados sigue brillando. Desde espectaculares acantilados hasta espesos bosques han creado una Escocia de ensueño. Dan ganas de perderse en ella. Quizás la película no tenga la escala grandiosa de Wall*E (2008) o el impacto emocional de Up (2009), pero aún así, es superior al promedio de cine animado que se nos receta —y al promedio del cine con actores de carne y hueso, también—.

Agradezco la posibilidad de ver la película con los diálogos en inglés original, aunque eso significara someterme a la proyección en 3D. La sonoridad y musicalidad particular del inglés con inflecciones escocesas es parte importante de la magia de la película. Es otro recurso que sirve para transportarnos a una realidad específica. Y con actrices como Kelly McDonald y Emma Thompson dando voz a los personajes, la versión original se vuelve obligatoria. No se la pierdan.

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