Leila Macor/LOS ÁNGELES/AFP
- 1.7 millones de indocumentados que llegaron a Estados Unidos con menos de 16 años, sean menores de 31 años, estudien o sean veteranos militares y no tengan antecedentes criminales, podrían beneficiarse con la suspensión de la amenaza de deportación.
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El sociólogo Octavio Pescador, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, expresó que el programa “es la primera gran victoria en el ámbito migratorio después de varias décadas”. Agregó que la medida libera a los jóvenes trabajadores del estigma de “ilegales”, “connotación que lleva a pensar en criminales”, explicó.
Jorge Acuña, de 19 años, llegó a los 8 de Colombia, quiere ser neurocijano, pero estuvo a punto de ser deportado a inicios de año. “No creo que haya gente más patriota que los ‘dreamers’ (‘soñadores’, como se conoce a los estudiantes indocumentados), porque todos los días nos levantamos con miedo para asegurarnos un día más en este país”, dijo en el Foro Nacional de Migración en Washington.
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La primera desilusión de Lori Terraza, una mexicana que fue llevada por sus padres a Estados Unidos cuando era pequeña, fue enterarse a los 17 años de que no podía ir a la universidad, trabajar ni viajar, y que “teníamos barreras para salir adelante”, manifestó frente a un centro comunitario en Los Ángeles.
Ella y otras 500 personas llevaban más de dos horas haciendo cola para informarse sobre los requisitos de la “acción diferida”, que a partir de ayer concede una suspensión de la amenaza de deportación.
“Hemos esperado 20 años para una posibilidad de legalización y, aunque esta es temporal, sí es un alivio migratorio. Lo que estamos viendo es un proceso familiar”, expresó Jorge Cabrera, portavoz de la Coalición de Derechos Humanos de Los Ángeles (CHIRLA).
Frente a la cola, algunos inmigrantes vendían “hot dogs”, sándwiches y agua. Otra armó un puesto de mangos y mamones. “Vinieron de contrabando, igualito que nosotros”, comentó la vendedora.
La emoción entre los jóvenes estudiantes era palpable. Muchos hablan poco español y recuerdan el día en que se enteraron de que no tenían los mismos derechos que sus amigos estadounidenses.
“Yo tenía 12 años y mi profesor de inglés estaba organizando un viaje a Europa, y tenía muchas ganas de ir”, contó en inglés Janet Martínez, una mexicana que creció en Arizona tras llegar con sus padres a los 3 años.
“(…) Escuché sin querer que mi mamá le decía a mi tía que le gustaría que yo fuera, pero que, como no tenía papeles, no podía salir del país”, dijo la joven de 25 años, recién graduada de Gestión de Empresas, en Arizona. “En aquel momento entendí en qué consistía, pero no sabía cuánto iba a afectarme a largo plazo”, agregó.
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