China se replantea su patrón de crecimiento… ¿Y Nicaragua?

La desaceleración de la economía china no solo está asociada a factores coyunturales. El consenso es que estamos asistiendo al agotamiento del modelo de crecimiento de la economía china, que le permitió lograr un ritmo de crecimiento promedio anual del orden del diez por ciento durante los últimos treinta años.

Adolfo Acevedo Vogl*

La desaceleración de la economía china no solo está asociada a factores coyunturales. El consenso es que estamos asistiendo al agotamiento del modelo de crecimiento de la economía china, que le permitió lograr un ritmo de crecimiento promedio anual del orden del diez por ciento durante los últimos treinta años.

Esto nos afecta porque el voraz apetito de esta inmensa economía por materias primas y alimentos ha dado lugar a una gran presión alcista sobre los precios de las denominadas commodities, que ha contribuido a generar una bonanza exportadora en los países productores de estos bienes, como Nicaragua.

Según esta interpretación, China estaría llegando al final de lo que los economistas llaman “crecimiento extensivo”: un crecimiento impulsado por la acelerada acumulación aditiva de factores de producción (capital y trabajo), a partir de tasas de inversión extraordinarias —que en la última década alcanzaron casi el 50 por ciento del PIB—. Este esquema estaría agotado, dejando como opción el tránsito a un modelo de “crecimiento intensivo” impulsado, más que por la simple acumulación de factores, por incrementos en la denominada Productividad Total de los Factores, en base a la creciente mejoría de las destrezas y la tecnología (es decir, en base al progreso tecnológico).

Entre otras consecuencias, la tasa de crecimiento de China disminuirá de manera permanente, en comparación a su tasa media anual de las últimas décadas.

La imposibilidad de continuar por la ruta del crecimiento extensivo está dada por el hecho de que China está dejando de ser un país con un excedente de fuerza de trabajo. La escasez laboral se ha convertido en rampante. En 2011 las empresas de fabricación encontraron dificultades sin precedentes en la contratación laboral. Esto se conjuga con el hecho de que con una tasa de inversión del orden de la verificada en China durante las décadas pasadas, la intensidad de capital —la proporción de capital a trabajo—, aumentó de manera sustancial, dando origen a una sobreacumulación en muchos sectores y a rendimientos marginales decrecientes del capital, que podrían acentuarse ahora que los salarios reales están creciendo rápido.

Este tránsito implicará reducir las tasas de inversión y moverse a un crecimiento más orientado hacia el consumo de las familias, que en la actualidad apenas representa un 37 por ciento del PIB; asimismo, China deberá transitar desde un modelo cuyo eje estuvo representado por un proceso de rápida industrialización —que en lo fundamental ya culminó— hacia uno más centrado en los servicios modernos. Mientras tanto, el país se enfrenta a importantes riesgos a corto plazo. Pasar de una tasa de inversión del 50 por ciento del PIB a una de 35 por ciento sin caer en una recesión, requerirá un aumento compensatorio en el consumo de las familias, lo cual será difícil de lograr.

China no tiene ningún camino fácil para llevar a cabo esta transición, por lo cual su respuesta a la crisis ha sido hasta hace poco una mayor inversión. Peor aún, China llegó a depender en gran medida de la inversión residencial: en los últimos 13 años la misma ha crecido a una tasa promedio anual del 26 por ciento. Esto es claramente insostenible, pero la súbita caída de la tasa de inversión residencial profundizará aún más la desaceleración.

La desaceleración permanente de la economía china reforzará la tendencia al débil crecimiento de la economía mundial, la cual se mantendrá por un período más o menos prolongado, debido a la debilidad estructural de la demanda en los países desarrollados, como consecuencia de que los hogares están restringiendo su gasto de consumo para repagar sus deudas pasadas, y de que los salarios reales se han mantenido relativamente estancados en el último par de décadas.

Estas tendencias podrían terminar por golpear a los países en desarrollo, exportadores de alimentos y materias primas, que hasta ahora habían escapado a las mismas gracias a los boyantes precios internacionales de sus exportaciones.

En Nicaragua no existe un proceso de absorción acelerada y masiva de la fuerza de trabajo excedente, como la que fue posible gracias al rápido proceso de industrialización en China, y por consiguiente la fuerza laboral continuará obligada a sobrevivir en actividades de bajísima productividad, mediante empleos que ella misma genera.

Tampoco cabe esperar que la inversión extranjera resuelva el problema del excedente de fuerza de trabajo. Con la excepción de la inversión en zonas francas, la inversión extranjera directa se concentra en los sectores que ya son los de mayor productividad y precisamente por ello muestran la menor creación de empleo. Pero incluso las zonas francas no absorben más allá del 3.4 por ciento de la PEA, que ya representa casi tres millones de personas.

Por consiguiente, en ausencia de una sólida voluntad nacional de hacer el esfuerzo requerido para modificar sustancialmente el presente rumbo, las perspectivas a 25 años, cuando se agote el bono demográfico y el país arribe a la fase plena de envejecimiento de su población, apuntan a que continuará encadenado a un patrón de especialización internacional empobrecedora, que hace depender la competitividad del bajo costo de la fuerza de trabajo. Para entonces, parafraseando al representante del FNUAP en un país de la región, Nicaragua será vieja y pobre, y ya no se podrá retroceder el tiempo para aprovechar las oportunidades perdidas.

(*)Economista

[email protected]

Puede interesarte

COMENTARIOS

  1. Habrá otra solución o hasta aquí llegamos?
    Hace 14 años

    Este es el efecto de otra burbuja artificial. El mayor cliente consumidor que tiene China hasta ahora son los EEUU. y mientras las economías de EEUU y Europa no arranquen firme y sostenidamente, este será el resultado.
    La otra solución sería «crear» otra guerra mundial, pero el problema es que podría ser más desvastadora la medicina, que la enfermedad, considerando la proliferación de armas atómicas, aunque esta opción sería la última que se tome.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí