Nectalí Mora Zeledón
El boxeador pinolero Osmar Bravo no pasó de los octavos de finales en los recién finalizados Juegos Olímpicos de Londres, pero anoche familiares, amigos y las personas que se encontraban en el Aeropuerto Internacional de Managua lo hicieron sentir un ganador.
El nica aprendió que para avanzar a una tercera etapa en esta competencia necesita trabajar el doble. Por eso desde esta semana vuelve a los entrenamientos para intentar lograrlo en Río 2016.
“Esto no termina aquí. Me gusta representar a Nicaragua y me voy a preparar para el próximo ciclo Olímpico. Estoy acumulando experiencia. Se empieza paso a paso para alcanzar un buen nivel. Ya rompí el hielo con el combate que gané. Me voy a preparar para ver si la próxima vez consigo la medalla”, afirmó Bravo.
Anoche la delegación nacional compuesta por Edgard Cortés, Omar Núñez, Dalia Torres, Ingrid Narváez, Lucia Castañeda y Bravo, que representó a Nicaragua en Londres, arribaron al país. Pero el boxeador llamó más la atención porque fue el atleta más destacado en los Juegos al vencer al montenegrino Bosco Draskovic en su primer combate en la categoría de los 81 kilogramos.
Bravo se mostró contento por la victoria pero la siguiente pelea no la olvida. El ucraniano Oleksandr Gvozdyk le ganó con claridad. La derrota le pesó. El país tenía muchas esperanzas en él.

“Pasé como cuatro días de cabanga. Creo que le quedé en deuda a mí país porque había audiencia total en la pelea. No esperaba tanta aceptación. Pero después comprendí que los combates eran duros porque el campeón (de la categoría 81 kilos) ganó una al igual que yo”, recordó el púgil.
El peleador de Muelles de los Bueyes recalcó que Gvozdyk le llevaba más ventaja por la experiencia y el alcance mano de manos. “Hice todo lo que estuvo a mi alcance. Hacía combinaciones largas de hasta cuarto o cinco golpes. Yo tenía las ganas y el corazón de hacer las cosas diferentes”, señaló Bravo.
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