Tomado de The Guardian
En estos tiempos de crisis financiera en que los megarricos de alguna manera se hacen aun más ricos, es difícil elegir un solo símbolo de ostentación y riqueza escandalosas. En París hay muchas posibilidades, pero ninguna tan desconcertante como Avenue Foch 42. Una mansión de seis pisos y 101 habitaciones que vale alrededor de 150 millones de euros.
Es la residencia del dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Nguema Obiang y acaba de ser confiscada por las autoridades francesas en una investigación por presunto lavado de dinero.
Sus abogados aseguran que la mansión de la Avenue Foch pertenece al “Estado de Guinea Ecuatorial, no a la Presidencia”.
En París se conoce el caso como el de las “ganancias mal habidas”, y es la primera vez que se investiga a gobernantes en ejercicio como consecuencia de denuncias de una asociación de lucha contra la corrupción. Las ONG Sherpa y Transparency International dieron batalla legal durante años. El hecho de que se trate de gobernantes en funciones es de vital importancia.
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Hay que avanzar por los Campos Elíseos, pasar el local de Louis Vuitton, doblar a la izquierda a la altura del Arco de Triunfo y seguir por la avenida arbolada rumbo a la vieja sede parisina de la Gestapo. Allí está la mansión. Cuenta con peluquería, cine, gimnasio y club nocturno.
Está decorada con más de cuarenta millones de euros de mobiliario y cada elemento es una pieza de colección, como un reloj de tres millones de euros, un escritorio Luis XV de 1.6 millones de euros y una escultura de Rodin.
Hasta hace poco, una flota de autos deportivos de lujo llenaba las cocheras del patio adoquinado: había cuatro o cinco Porsches, Ferraris y Maseratis, además de dos Bugatti Veyrons, el auto urbano más caro y veloz del mundo, que cuesta cerca de un millón de euros.
El anuncio de la semana pasada de la confiscación de la mansión por parte de investigadores franceses es toda una novedad en lo que sin duda es la investigación más importante realizada en Europa sobre presunta malversación de fondos africanos. Es de esperar que eso lleve a otras autoridades, las de Londres entre ellas, a analizar mejor de dónde procede el dinero con el que políticos extranjeros compran residencias de lujo.
La familia del líder autoritario de Guinea Ecuatorial —y sobre todo su hijo “playboy” de 41 años, Teodorin, que según se dice usaba la mansión de Avenue Foch como su residencia en París— se encuentra en el centro de una investigación por supuesta malversación de fondos del Estado para adquirir importantes activos en Francia, como mansiones en la Riviera y flotas de autos de lujo.
El joven Obiang, al que también se investiga en Estados Unidos, es vicepresidente segundo del país petrolero del oeste de África que su padre gobierna con mano de hierro desde 1979.
En Francia hay una orden de captura en su contra, por acusaciones de lavado de dinero y estafa. Once de sus autos deportivos, que suman un valor de cinco millones de euros, fueron confiscados este año en París, y los investigadores necesitaron varios camiones para retirar de la casa bienes que incluían botellas de vino de miles de euros cada una.
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