Rafael Mitre
1.
“no trepanes al león que sueña”.Rene Char
Soy el perro de mi sueño que crece en la calle mientras ando, el perro ancestral que esperó que naciera para morderme, el perro pintado con crayolas que sirve de custodia a mi interior, el alias que me saluda con un ladrido en la ventana colgada de un clavo ,el que suelta todas las correas, y libera todos los bozales, el ciego que tiene por sombra un perro. Soy esto, el tiempo de esto, que será solo líneas. ¿Cuánto tiempo pasé evadiéndome? ¿cuántas veces le puse el dedo en la boca al que venía tras de mí? ¿cuándo dejó de funcionar el gregario?
Soy el que se tropieza mientras huye el otro al que le duele, soy el niño que comprime en su boca, como una uva, el corazón, soy el otro, detrás de mí, tomando su rostro de un sueño borrado.
2.
Soy absorto como el rumor de un río, como una nube que pasa solitariae n una charca, como la lluvia y el anciano que espera, soy tantos que al congregarme falta, al menos, uno.

Debe de existir una cámara de vigilancia en los momentos graves porque me veo desde lo alto como si recordara con el aire.
Soy el que no se evade, el asustador mío; el que corneó la luna de las charcas, el que picotearon los pájaros que anidan en las bisagras de los letreros desvelados, el que se hiriócon los fragmentos de sí mismo mientras buscaba.
Me he separado como un prisma a la luz, como el rocío a la luz.
Hay un yo que tiembla, e inclusive, un yo, de ese yo,que sigue temblando, conmocionado, en una silla.
3.
Amo el tiempo que requiere lo mal logrado, amo la muerte que suena sus nudillos al verme, amo a mi tambor que toca ausencia.
Soy atónito como el que veen ambiguos pisos cerámicos, pero en el aire, partes de un todo quebrado.
Soy mi onírica fauna, soy la colmena de pasillos en el aire, soy mi dolor sin que el gesto lo alce.
Yo, multitud de almas perdidas, soy el profeta de mi sombra y me colman los espasmos.
Yo, el de manzanas impares y exilios absolutos, hablo con suturas, langostas y aves de vuelo circular.
Tengo incestos de dolores que paren nata; dolores que corren por los pasillos, abriendo los nervios, halándolos cual cuerdas de paracaídas, hacia el umbral.
Yo encontraba una luz sin forma al final de toda sumersión y en ella pulsaban risas.
¿Cuántos hombres solos soy? ¿cuántos siglos de insomnio tengo?
Toca—le digo a mi corazón—el tambor toda la noche; toca —le digo a mi alma—la visceral guitarra
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