José Luis Medal*
Es bien sabido que la crisis europea puede conducir a otra recesión mundial, impactando a los Estados Unidos y de paso a toda la economía mundial, incluyendo naturalmente a Nicaragua. Aún se debate sobre las causas de la crisis europea (que se originó en la recesión del 2008-2009, en los desequilibrios fiscales y en la burbuja inmobiliaria), y existen diferentes posiciones de cómo enfrentarla.
Para algunos como el premio nobel de economía, Paul Krugman, es un error pretender reducir en el corto plazo los déficits fiscales y la elevada deuda pública de varios países europeos, ya que – argumenta- que en estos momentos una contracción del gasto público disminuiría la demanda agregada y profundizaría la tendencia a la recesión. Sugiere, políticas expansivas, particularmente en el caso de Alemania y un papel más activo del Banco Central Europeo, quien debe de inyectar mayor liquidez a la economía a fin de evitar una fuerte recesión y posponer para el largo plazo, la reducción de los desequilibrios fiscales.
Para otros, la causa de la crisis se vincula más con la tendencia al despilfarro de algunos países europeos y la solución radica en apretar el cinturón fiscal, en medidas de austeridad y en reformas estructurales que flexibilicen el mercado laboral y reduzcan los generosos beneficios sociales del denominado Estado del Bienestar. Proponen además una supervisión bancaria centralizada y mayores controles fiscales.
Por otro lado, hay quienes sostienen que algunos países –sobre todo Grecia- deberían de salirse del euro. Se señala, que si Grecia se sale del euro y vuelve al Dracma, podría utilizar la devaluación como una medida de ajuste. Algunos inclusive argumentan que la creación misma del euro fue supuestamente un error, ya que algunos países al estar dentro del euro, perdieron el instrumento cambiario como medida de ajuste, es decir no pueden utilizar devaluaciones para reducir los salarios reales y restablecer su competitividad.
Muy pocos países tienen la disciplina de Alemania, que aplicó políticas de flexibilización laboral, para aumentar su competitividad externa.
Es indudable que una recesión en Europa, incidiría en la ya de por sí débil reactivación de los Estados Unidos, lo que provocaría una desaceleración mayor de la economía mundial. En el caso de América Latina, ya se ha señalado que, paradójicamente, la región está mejor preparada que algunos países desarrollados, para hacer frente a una nueva gran recesión mundial, similar a la del 2008-2009.
Desde los años noventa, los países latinoamericanos siguieron por lo general políticas fiscales y monetarias prudentes, han acumulado importantes reservas internacionales y muchos de ellos adoptaron sistemas cambiarios flexibles como política de ajuste. Algunos países, como Chile, crearon fondos de estabilización fiscal, ahorrando en la época de las vacas gordas, para poder adoptar políticas anti cíclicas, aumentando el gasto público, en la época de las vacas flacas.
En el caso de Nicaragua, en todo el período 1990-2012, ha seguido por lo general, políticas fiscales y monetarias prudentes- fondomonetaristas-, lo que ha permitido asimilar hasta cierto grado los choques externos. Existen sin embargo dos debilidades. Primero, el sistema cambiario del deslizamiento, es más fijo que flexible y dada la elevada dolarización, no existe el instrumento cambiario como política de ajuste. Segundo. No existe un Fondo de Estabilización Fiscal, por lo que no se dispone de recursos en la eventualidad de una nueva gran recesión mundial.
Cabe recordar, que ante la recesión mundial del 2008-2009, en vez de adoptar una política fiscal expansiva de carácter anti cíclico—reduciendo impuestos y aumentando el gasto público-, se hizo lo contrario: en el 2009 se implementó una reforma tributaria de carácter recaudatorio y se intentó contener la expansión del gasto público. La tasa de crecimiento del PIB en el 2009 fue negativa. Una eventual nueva recesión mundial, pudiera hacernos caer, como en el 2009, en una nueva recesión interna.
En ese escenario, una nueva reforma tributaria de carácter recaudatorio, vendría a profundizar la contracción económica. *Economista. [email protected]
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