Vivimos tiempos donde la falta de valores deteriora la conducta humana. En estos días he podido ver de cerca como la ética ha emigrado de ciertos medios de comunicación y de esa forma ha dejado el camino listo para la vulgaridad, la deshonra y la mediocridad.
Quiero hablar de la palabra ética, que nace en la cuna del griego, como ethos. Allí significaba inicialmente estancia, lugar donde se habita, pero después Aristóteles afinó este sentido y entonces a partir de él, se comenzó a utilizar como “manera de ser, character”.
La ética se consideraba como una especie de segunda casa o naturaleza; pero adquirida, a diferencia de la naturaleza biológica no era heredada.
Lo interesante de esta acepción es que una persona puede moldear, forjar o construir su modo de ser o êthos.
Con respecto a moral, viene de la expresión latina moralis, derivada de mos (en plural mores) con el significado de costumbre. En esta palabra los romanos captaban el sentido griego de ética.
Como ven si vamos a la cuna de estas palabras hay poca diferencia entre ética y moral: ambas aluden a una realidad parecida, pero en nuestros días sabemos que tienen significados que no coinciden exactamente.
Si las vemos como ciencias debemos emplear “ética” (o filosofía moral) para referirnos a aquella parte de la filosofía que estudia el ámbito de la moral; y “moral” para referirnos a los diferentes códigos morales concretos.
ACLARACIÓN: Estimados amigos, por razones técnicas en la última columna no se apreciaron bien las respuestas correctas de las preposiciones, eran todas las de la columna derecha. Revisen para ver si lo hicieron bien.
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