Por Mateo Sancho Cardiel/EFE
Andre de Dienes conoció en 1945 a Norma Jeane, una modelo castaña de 19 años y sonrisa deslumbrante que le hizo sentir que era un auténtico milagro.
De Dienes presenció el día en que Norma Jeane se convirtió en Marilyn Monroe y se acordó de que él mismo le había dicho que su vida estaba marcada por dos “emes”, las de sus manos, que significaban “marry me” que en español significa, cásate conmigo.
Marilyn Monroe cambió en Hollywood su candidez por una profunda inseguridad, que le hizo con el tiempo añorar los tiempos en los que era Norma Jeane y contratar a Ben Hetch para que escribiera una biografía que disolviera su mito.
“Dese cuenta, lector, que era solo una chica anónima de 19 años, no Marilyn Monroe”, decía Andre de Dienes en los textos que escribió tras conocer, fotografiar y amar al símbolo sexual por excelencia de la historia del cine cuando todavía era castaña y provenía, cauta y vulnerable, de una atormentada infancia.
Las memorias del fotógrafo, que describe su primer encuentro con ella como “un milagro”, son el tierno e inquietante testimonio de cómo una chica sencilla y llena de carencias afectivas se fue contaminando del espíritu voraz de Hollywood.
Cómo esa joven que le recordaba a su antigua amiga, Aya Krisztina, fue desarrollando tanto poderío en el control de su físico como desorden en su ámbito emocional. Norma Jeane, de candidez insobornable, estaba a punto de ser eclipsada por Marilyn Monroe.
TEXTOS INÉDITOS

Los textos permanecieron ocultos hasta la muerte de De Dienes y, cuando los fans de Monroe arrasaron en casa del fotógrafo en 1988, hallaron sus reflexiones íntimas sobre esa chica con la que quiso casarse y a la que colocó en la puerta de salida para la leyenda.
“No es mi intención alardear aquí como si fuera el que descubrió a Marilyn Monroe, el que le hizo ser quién era. Nadie puede atribuirse haber empezado la carrera de Marilyun Monroe”, dice De Dienes en el libro.
En versión borrador, escritos a máquina pero con notas escritas a mano, estos textos son editados ahora por Taschen en dos lujosos volúmenes, acompañados por muchas de las fotos que De Dienes realizó, primero desde la profesión y luego desde el amor.
Frente a esa imagen que siempre se ha mostrado de caprichosa, voluble y autocompasiva, De Dienes muestra a una mujer radiante, luminosa en su fragilidad y empatía, con la que se recorrió California, desde sus playas a los desiertos de Death Valley, en busca de varios lugares donde sacar sus mejores imágenes. Y también, a la que acompañó un día a ver a la madre que marcó la tragedia de su vida.
“Ni siquiera se me ocurrió buscar fotos de las dos en aquella habitación triste, oscura y pequeña. Era solo un hombre joven y enamorado. Quería estar con Norma Jeane y quería que fuera feliz. Pero ahora me arrepiento de no haber capturado ese momento con mi cámara. Esa tristeza patética que presencié en aquella habitación de hotel”, aseguraba De Dienes.
Pero un verano de 1946, Norma Jeane le dijo a De Dienes: “Adivina qué. ¡Tengo nuevo nombre!”… “Con un lápiz, despacio y con claridad, escribió su nuevo nombre en una hoja de papel: Marilyn Monroe. Enfatizó las dos M iniciales como si estuviera haciendo caligrafía”, escribe el fotógrafo como punto de inflexión, y recuerda con cierta amargura: “Hacía un año que en Portland (Oregón) le había dicho que las grandes ‘emes’ que tenía en cada palma de la mano significaban ‘marry me’”.
Marilyn Monroe, cuatro años después, comenzó a despuntar en Hollywood y, poco a poco, accedió a papeles antológicos como el de Sugar Kane en Some Like It Hot o la Lorelei Lee de Gentelmen Prefer Blondes .
Sobre 1949, de Dienes escribió. “Nunca olvidaré esos momentos cuando mi dulce, inocente Norma Jeane se subió a un ascensor del Pierre Hotel aquella mañana. Se había transformado en una mujer joven, magnífica y elegante, con un gran aplomo. Sofisticada, como nunca la había visto antes. Sus ojos estaban brillantes de felicidad. Era la belleza más deslumbrante del mundo… pude sentir que quería que supiera que la etapa mágica de su vida acababa de empezar”, se lee en las anotaciones de De Dienes.
Pero en esa “etapa mágica”, Monroe empezó a echar de menos la intimidad del anonimato y contó su vida al guionista Ben Hetch, en lo que sería el libro My Story , para que escribiera sus memorias y disolviera el mito de la bomba sexual en pos de una mujer con cerebro y corazón, con el fin de que un día Norma Jeane volviera a recordar quién fue Marilyn Monroe.
Ver en la versión impresa las paginas: 14, 15