El régimen sirio continuó ayer sus bombardeos en el centro y la periferia de Damasco, donde se registraron la mayor parte de las decenas de muertos de todo el país, además de la violencia contra los bastiones opositores de Idleb y Homs.
Mientras, los rebeldes informaron que se apoderaron de más de veinte puestos de control militares en las inmediaciones de Homs, desde los que los efectivos del régimen lanzaban ataques.
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El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) señaló que hubo 64 muertos, mientras que los Comités de Coordinación Local apuntaron que fueron 65 y la Comisión, 84.
La segunda ciudad del país, Alepo, y su provincia homónima se convirtieron en escenario de choques entre fuerzas leales al presidente Bachar al Asad y los rebeldes el Ejército Libre Sirio (ELS), que anunciaron que habían tomado el control de varias zonas. Las fuerzas del régimen reanudaron los ataques después del mediodía en el barrio de Al Midan, cuyo dominio afirman que recuperaron el viernes, tras expulsar a “terroristas y mercenarios”.
Sami Kurdi, portavoz del ELS, explicó por internet que el viernes efectuaron una retirada táctica de Al Midan para evitar “una masacre de civiles” porque el régimen lo bombardeaba de forma indiscriminada. El combatiente lamentó que ayer todavía proseguían los bombardeos contra algunos barrios de la capital.
También hubo enfrentamientos entre el ELS y las fuerzas armadas en los distritos de Salahedin y Haidaria, y los combatientes opositores aseguraron haber tomado el control de algunas zonas de la provincia.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, manifestó ayer que el gobierno sirio fracasó en la protección de los civiles, y le pidió que “ponga fin a las matanzas y el uso de armas pesadas contra las aglomeraciones” urbanas.
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