Luis Sánchez Sancho

Hemón y el don de la sensatez

Hemón es un personaje poco conocido de la mitología griega, a pesar de que aparece en Antígona , de Sófocles, como una de las figuras principales de esa conmovedora tragedia. Es el novio de Antígona, la desdichada hija de Edipo.

Cuando los hermanos de Antígona, Eteocles y Polinices, mueren al enfrentarse en una guerra por el trono de Tebas, su tío, Creonte, se convierte en rey. Creonte había apoyado a Eteocles y dispone que su cadáver sea sepultado con los honores correspondientes, pero ordena que el cuerpo de Polinices quede insepulto para que lo devoren los perros y los buitres.

Antígona desafía la disposición de Creonte, su tío y rey, porque para ella es más importante la piedad filial y el respeto al mandato divino de que los cadáveres de los mortales deben ser sepultados, y que nadie, por muy poderoso que sea, puede transgredir la voluntad de los dioses. A media noche Antígona recoge el cadáver de su hermano y lo sepulta como manda la ley de los dioses, pero es descubierta por los guardias de Creonte, quien la condena a ser enterrada viva en la misma tumba de Polinices. Y además Creonte ordena a su hijo, Hemón, quien es el novio de Antígona, que ejecute su cruel condena.

Hemón es un joven prudente y sabio, a diferencia de su padre que es arrogante y despiadado. Hemón se vincula con la población, conoce las necesidades y las opiniones de la gente y las aprecia y respeta. Creonte advierte que Hemón vacila cuando recibe la orden de ejecutar la sentencia contra su novia, y lo increpa: “Hijo, ¿ha llenado de enojo y de odio contra tu padre el decreto que ha de cumplirse contra tu novia…? ¿O mantienes el amor hacia mí, haga lo que yo hiciere?”.

Hemón reacciona como el hijo obediente que es. “Padre —le dice—, soy tuyo. Máximas tú me impones de conducta, seguirlas debo”. Pero inmediatamente después Hemón reflexiona y dice al ensoberbecido Creonte: “Padre, son los dioses los que donan al hombre la sensatez y cordura —¡el don más alto de todos los dones!—. Pero no siempre se habla con razón… Yo, hombre de la calle, puedo saber mejor que tú lo que piensan, cómo reaccionan, qué ideales tienen los del pueblo común. Tú no. Tu sola presencia congela a las gentes. No pueden decir lo que sienten por temor a herirte a ti. Yo, recatado en la penumbra, oigo bien cuanto dicen todos. Toda la ciudad alza un lamento por esta joven. Ella, la que menos lo merece entre todas las mujeres, va a morir con muerte infame. Y, ¿por qué? ¡Por haber cumplido la más noble de las acciones! No permitió que el cuerpo de su hermano insepulto quedara. En la guerra había muerto e iba a ser manjar de perros y buitres… ¡Esa mujer recompensa merece, no castigo!”.

Hemón no cumple la orden de su padre pero de todas maneras Antígona es enterrada viva en la tumba de Polinices. Entre tanto, el ciego adivino Tiresias le dice a Creonte que la maldición del cielo caerá sobre él por contrariar las leyes divinas. Por eso Creonte recapacita y ordena que saquen a Antígona.

Es el mismo Hemón quien corre a la tumba de Polinices para liberar a la muchacha. Pero es tarde: Antígona se había ahorcado. Hemón se mata con su espada. Luego, al saber la trágica noticia, Eurídice, madre de Hemón, también se quita la vida.

Se conoce que Creonte murió algún tiempo después, también violentamente: lo mató el héroe Teseo.

Opinión sensatez archivo
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