Génesis Hernández Núñez
Este lugar no es un zoológico, pero hay ovejas, cabras, cerdos, conejos, gallinas, perros, gansos, patos y hasta tilapias y lombrices de tierra. No es un campo de cultivo, pero se produce espinaca, hierbabuena, culantro, apio, lechuga, tomate, chiltoma, remolacha, zanahoria, cebolla y árboles frutales. No es un hotel, pero tiene capacidad para brindar alojamiento a 60 personas y un amplio salón. Es el Rancho Agroecológico en Especies Menores Ebenezer, ubicado en Niquinohomo, Masaya.
El rancho, de siete manzanas de extensión, fue fundado hace 22 años por personas de distintas denominaciones cristianas que empezaron a trabajar en áreas pequeñas: criaban animales y sembraban hortalizas en una manzana de tierra, poco a poco lo fueron extendiendo y ahora se dedican a enseñarles esa técnica para que puedan producir de forma orgánica y con mentalidad empresarial.
“Esto no se ha logrado de la noche a la mañana, tenemos esta diversidad porque los diferentes componentes del sistema interactúan entre sí y además son sostenibles y rentables”, explica Francisco Juárez Zapata, fundador de ese lugar en el que ahora trabajan 24 personas.
NI EL ESTIÉRCOL SE DESPERDICIA
Esta interacción inicia con la lombricultura. Son 600 metros cuadrados distribuidos en 43 pilas, donde se crían lombrices de tierra de dos razas: roja africana y roja californiana. Para alimentarlas utilizan el estiércol de los animales que ahí crían, los desechos de frutas y hortalizas que se cultivan en todo el lugar y el afluente del biodigestor que también utilizan para cocinar en lugar de gas.
Según Pablo Elvis Tapia, ingeniero agrónomo y encargado de ventas del rancho, “este sistema son microorganismos eficientes que se encuentran en la naturaleza, se recolectan, se fermentan con melaza, suero de leche, se dejan reposar 21 días en un barril, luego de ese tiempo se obtiene una masa sólida que convertimos a líquido y aplicamos al abono que producen las lombrices, además sirve como regulador de plagas, se utiliza para bañar a los cerdos, en la producción agrícola e incluso para limpiar los servicios sanitarios”.
Por el uso y los avances que han logrado con el EM, las autoridades del rancho han recibido felicitaciones de la delegación cubana que lo presentó y aspiran a que empiece a utilizarse en otras partes del país.
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Con este sistema, cada mes, producen unos 200 quintales de abono orgánico en estado sólido, que ofertan a 150 córdobas el quintal y también en estado líquido, que se vende a 50 córdobas el litro.
Según Pablo Elvis Tapia, encargado de ventas del rancho, “lo hemos promovido con el apoyo de la Fundación para el desarrollo tecnológico, agropecuario y forestal de Nicaragua (Funica) y nos ha ayudado mucho, porque tenemos una gran demanda”.
TODO CABE EN UNA MANZANA
La diversidad que promueve y aplica el rancho también tiene que ver con la crianza y reproducción de especies menores: ovejas, cabras, cerdos, conejos, gallinas y en menor cantidad gansos y patos.
Juárez explica que el programa con el que trabajan se llama MIDPA, que significa Mayordomía Integral Diversificada de Patio “o sea que mientras más diversificada sea la producción, será más fácil desarrollarse”.
“A las familias se les explica que las aves de patio y los conejos son especies de rápida reproducción y tienen un alto contenido de nutrientes y que en una manzana pueden tener estos animales y además producir alimento para ellos mismos y para los animales, cuidando el medioambiente, sembrando árboles frutales y hortalizas en llantas”, explica Tapia.
En este sistema de sostenibilidad no se desperdicia nada. Impulsan la idea de sembrar en llantas de vehículos. La iniciativa surgió al ver que mucha gente las desecha o quema, contaminando el medioambiente; por eso y para darle el mejor uso posible al espacio, en Ebenezer promueven y siembran dentro de ellas hierbabuena, tomate, lechuga, orégano, culantro, apio, plantas ornamentales, medicinales y “todo lo que sea pequeño y pueda caber en el centro de la llanta”, agrega Tapia.
RECIBEN VISITAS DESDE HAITÍ
Pero todo el trabajo que se realiza en el rancho se transmite mediante capacitaciones e intercambios de experiencia con productores, estudiantes y familias campesinas.
Según Uriel Ruiz Sáenz, quien tiene 10 años de trabajar en el lugar y es el encargado del área de abono orgánico “,son necesarios más intercambios de experiencias, más fincas representativas como este rancho, porque vienen muchos organismos y se dan capacitaciones incluso a extranjeros, ha venido gente de Costa Rica, Honduras, Guatemala, El Salvador, de Haití, universitarios y si hubieran más centros sería mejor”.
Dentro del rancho existe la filosofía de no dar, mientras la otra parte no disponga de algo, por ejemplo: no entregan conejos hasta que el productor o la familia receptora no tenga las condiciones y el alimento para tenerlos, porque “no queremos ser asistencialistas ni paternalistas, estamos convencidos de que así las cosas no resultan y nunca vamos a sacar adelante a la gente”, expresa el encargado de ventas del rancho.
Además en el sitio se promueve el “agroecoturismo educativo productivo”, que según Francisco Juárez es “que la gente no venga solo a contemplar o a hospedarse, sino que le enseñamos a producir y trabajan en eso, queremos que sea un proceso de transformación de la persona y el ambiente”.


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