Aprender del enemigo

En la lucha contra el lavado de dinero existen diversos actores involucrados, que van desde los múltiples empleados gubernamentales y financieros hasta los jueces que dictan sentencias en la materia.

Ramón García Gibson (*)

En la lucha contra el lavado de dinero existen diversos actores involucrados, que van desde los múltiples empleados gubernamentales y financieros hasta los jueces que dictan sentencias en la materia.

En este orden de ideas tenemos a las personas que están atrás del escritorio redactando lineamientos que tienen que seguir instituciones financieras y otros giros; otros que supervisan que estas medidas se cumplan; los que reciben infinidad de reportes generados por los particulares, así como el personal que realiza investigaciones y estructura casos a ser llevados ante el poder judicial.

Desgraciadamente en todo este gran aparato que se menciona en el párrafo anterior la mayoría de las personas que intervienen en él, su experiencia en el lavado de dinero se limita y tiene su impasable frontera en lo limitado de su campo de acción.

En días pasados me llamó mucho la atención la historia de Ken Rijock, un abogado de Miami que hasta su arresto se estima que había ayudado a lavar por lo menos 200 millones de dólares para aproximadamente 30 clientes. Rijock participó en las guerras de Vietnam y Camboya, por cuya participación recibió altas condecoraciones. Su historia está condensada en un libro The Laundry Man, que durante el próximo mes de agosto saldrá al mercado en español.

La historia como lavador de dinero de Rijock podríamos decir que inició en 1979, al conocer a un ciudadano cubano expatriado que fungía de puente entre los narcotraficantes colombianos y pandillas de cubanos que distribuían narcóticos en Estados Unidos, repentinamente muchas de estas personas eran sus amigos y clientes.

Después de su arresto y sus dos años en prisión Rijock inició sus ciclos de conferencias alrededor del mundo y sus tres testimonios ante el Congreso de Estados Unidos ayudaron a darle forma a la Ley Patriota de Estados Unidos, fungiendo ahora como consultor de crímenes financieros. En una entrevista Rijock comentó que los lavadores trabajan los siete días de la semana a fin de identificar áreas de oportunidad.

En una vida normal la mayoría de las personas regresan a casa y pasan tiempo con la familia, pero un lavador no puede hacer eso, ellos están en su labor día y noche. Comenta que un lavador puede recibir una llamada a las 2:00 a.m. de un cliente proponiéndole esquemas de lavado de dinero. Es prioritario que las legislaciones y técnicas de investigación de los países se adapten a la realidad y no sigan poniendo en práctica mecanismos pasados de moda, que lo único que causan son investigaciones estériles y en muchas ocasiones la mofa de los delincuentes.

La oportunidad está ahí frente a nosotros y no quiere decir que integremos como asesores de las fuerzas del orden a lavadores consumados —espero que no los haya trabajando impunemente en las instituciones gubernamentales como funcionarios sin ser aún descubiertos—, pero sí que las experiencias de los que han purgado sentencias o cumplido con acuerdos previamente establecidos sean compartidas con los demás actores que intervienen en esta lucha, ya sea a través de la emisión de tipologías, testimonios recabados, donde se proteja su identidad.

En diversos países existen programas para testigos protegidos, que sobre todo en nuestra región latinoamericana están lejos de ser los exitosos que deberían ser, se rompe el anonimato, los testimonios no son verdaderos en algunos de los casos, los testigos no cuentan con la protección adecuada y muchos otros temas que no los hacen lo eficiente que deberían ser.

Definitivamente los lavadores de dinero en muchas ocasiones están mucho más adelantados en técnicas para legitimar su dinero, la información de dichas técnicas por parte de las autoridades llegan a cuentagotas a las otras agencias encargadas de combatir este crimen así como a la primera línea de defensa en esta lucha que son los funcionarios bancarios o de otras instituciones encargadas de seguir las reglas que sobre la materia escriben funcionarios, que su único contacto con una institución financiera, en muchos de los casos, fue cuando abrieron su cuenta.

Quizá sea tema a meditar por parte de las autoridades financieras y órganos de procuración de justicia de la región latinoamericana el buscar y sacar el provecho adecuado de las declaraciones ministeriales de los diversos Ken Rijock, con los que interactúan a diario, y sin tratar de montar toda una escena digna de Hollywood merecedora de la estatuilla del Oscar, ayuden a combatir el lavado de dinero con las mismas técnicas que utilizaron cuando perpetraron el delito.

Ya lo decía el comediógrafo griego Aristófanes: “Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos”, ¿lo estarán haciendo las autoridades latinoamericanas? ¿Usted qué opina, estimado lector? (*) Experto en prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo.

Esta columna es publicada los lunes en El Financiero de México.

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