250 años de sabor

Se trata de uno de los escasos legados al mundo de la gastronomía inglesa, atribuido al aristócrata John Montagu, IV conde de Sandwich, que en una larga partida de cartas en 1762 pidió un filete de carne entre rodajas de pan para continuar jugando sin mancharse los dedos

Pilar Salas

EFE

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Y aunque se puede considerar “fast food” y apto para los alérgicos a los fogones, es saludable si se eligen adecuadamente los ingredientes al poder proporcionar vitaminas, proteínas, lácteos y carbohidratos en un solo bocado. Por eso no es de extrañar que, ante la falta de tiempo, la carestía económica y la preocupación por la nutrición, cada vez sean más los que almuerzan o cenan con un bocadillo.

La reinvención actual del sándwich pasa también por utilizar ingredientes de otros países que sorprendan el paladar y por ofrecer opciones para los gustos más variados como vegetarianos nada insulsos o aptos para celíacos. Un buen ejemplo es la hamburguesa de quinoa, un alimento “más completo que el cereal”. Con estas premisas no es arriesgado augurarle muchos más cumpleaños.

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Se trata de uno de los escasos legados al mundo de la gastronomía inglesa, atribuido al aristócrata John Montagu, IV conde de Sandwich, que en una larga partida de cartas en 1762 pidió un filete de carne entre rodajas de pan para continuar jugando sin mancharse los dedos. A partir de esa idea cada país se ha encargado de enriquecerlo con sus propios productos. Aunque el uso de pan de molde o de bollos marca la diferencia entre el sándwich y el bocadillo, en general ambos conceptos se han asimilado.

Y así nacieron desde bocadillos que homenajean al presidente para el que se creó como el chileno Barros Luco (carne asada y queso derretido) a aquellos cuya receta original se disputan ciudades, caso del sándwich cubano, que reclaman para sí Tampa y Miami con posturas irreconciliables sobre si lleva o no salami.

Cada país se siente representado en uno: el de tortilla de patatas en España, en México la cemita poblana (milanesa de pollo, frijoles refritos, aguacates, queso de Oaxaca y chiles chipotles) y la torta ahogada (carne de cerdo, frijoles refritos y bañada en abundante salsa roja); en Japón el yakisoba (pan con tallarines fritos); en Suecia, el smorgastarta con ahumados; en Portugal la francesinha con diversos embutidos, carnes y queso; en Francia el croque monsieur con jamón y queso gratinado; en Estados Unidos el lobster roll con langosta y mayonesa; en Egipto el de ful o habas cocidas…

Su éxito reside en “su facilidad y en que el pan es un gran soporte, que funciona bien con cualquier cosa y en cualquier lugar”, explica a Efe el cocinero Oriol Rovira quien, con una estrella Michelin, se ha lanzado al negocio del bocadillo gastronómico en Barcelona.

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