Carla Torres
[/doap_box][doap_box title=»“Ojo al Cristo” con los donantes de sangre» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Este año, de acuerdo con Berríos, se reportan alrededor de diez casos cada mes entre las 6,500 donaciones que se han realizado hasta mayo.
“Es relativamente bajo encontrar Chagas en donantes, es baja la prevalencia de esa enfermedad”, dijo Berríos.
Esto porque “recuerden que esta es una enfermedad que se da en zonas rurales y las captaciones las hacemos generalmente en el casco urbano de la ciudad y sobre todo en Managua”, agregó el doctor.
La Cruz Roja Nicaragüense comenzó a realizar la pruebas necesarias para detectar esta enfermedad desde 1993.
La institución realiza un reporte al Ministerio de Salud (Minsa) para que este le dé seguimiento a los casos y le brinde asistencia médica a los pacientes.
[/doap_box]
“¿Dónde está Marvin Tinoco? Aquí le traemos un chinche”, gritaban eufóricos decenas de estudiantes del Instituto Nacional de La Concordia, que llegaron por la mañana al centro de salud de la comunidad.
Tinoco es un carismático personaje de aspecto campechano, a pesar de tener el perfil básico de brigadista de salud, cuenta con la experiencia y la astucia de todo un cazador de insectos.
Actualmente es el responsable y único miembro del programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV), del Ministerio de Salud en el municipio La Concordia, en Jinotega, ubicado a 197 kilómetros al norte de la capital.
Según las estadísticas sanitarias municipales y el cuaderno de anotaciones, que celosamente guarda Tinoco en su mochila, en lo que va del año 25 casas han reportado la presencia de chinches. Sin embargo, hasta el momento solamente hay dos casos de mal de Chagas confirmados.
Byron Pérez, consultor del proyecto de control y vigilancia de la enfermedad de Chagas de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA ), aseguró que en Nicaragua existe una variedad de chinches, sin embargo el que predomina es el Triatoma dimidiata, un vector autóctono de la región centroamericana.
En Nicaragua, habita en algunas zonas de Madriz y Nueva Segovia, y pequeños focos en Granada, Masaya, Chinandega, Jinotega y Matagalpa.
Pérez explicó que este vector puede vivir dentro o fuera de la vivienda. Una vez que llega ya no quiere salir, encuentra lugares para esconderse durante el día, como las habitaciones.
“Por la noche sale a chupar la sangre de su presa. Cabe señalar que tiene la capacidad de pasar mucho tiempo sin comer. Hemos encontrado chinches vivos que tenían seis meses de estar en una vivienda abandonada”, apuntó.
LA TRANSMISIÓN
Pérez además manifestó que después de picar y chupar sangre, el insecto defeca sobre la piel. No obstante la enfermedad no se transmite a través de la picadura, sino de las heces del vector que contienen el parásito llamado Trypanosoma cruzim, el cual se introduce al flujo sanguíneo a través de la piel lastimada.
De igual forma, Pérez explicó que si la persona, sin darse cuenta, se toca los ojos, estos se inflaman y se produce el conocido chagoma.
A los ocho o diez días del contacto de las heces con las personas, inician los síntomas. Cabe señalar que solamente un cinco por ciento de las personas presentan síntomas como fiebre hasta de una semana, escalofríos, malestar general, vómitos y mareos.
El parásito se puede detectar en la sangre en los primeros 40 días. En ese momento se trata a la persona con medicamento y se cura, principalmente si es menor de 15 años.
Sin embargo cuando no hay síntomas, el parásito desaparece de la sangre y la enfermedad sigue su curso. Pueden pasar cinco, diez y hasta 30 años cuando se presenten los síntomas crónicos y la muerte.

«Solamente un 30 por ciento de las personas infectadas presentan síntomas crónicos.
El órgano más afectado es el corazón, el parásito emigra al músculo cardíaco”.
Byron Pérez, epidemiológico.
Ver en la versión impresa las páginas: 3 A