El increíblemente redundante Hombre Araña

Hoy tenemos el privilegio de ver la primera película de superhéroes diseñada para satisfacer por partes iguales a menores de 10 años, amnésicos y pacientes de Alzheimer.


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Por Juan Carlos Ampié

Hoy tenemos el privilegio de ver la primera película de superhéroes diseñada para satisfacer por partes iguales a menores de 10 años, amnésicos y pacientes de Alzheimer. Son los únicos que no han de recordar la trilogía de Spiderman que Sam Raimi produjera y dirigiera entre el 2002 y el 2007. Apenas han pasado cinco años desde la última entrega, y he aquí una nueva reinvención, con Andrew Garfield en lugar de Toby Maguire, y Emma Stone como su interés romántico, Gwen Stacy. El personaje tuvo una fugaz aparición en la tercera entrega, dejando que Mary Jane Watson (Kirsten Dunst) dominara el corazón de Spidey.

El Sorprendente Hombre Araña es absolutamente innecesaria y redundante. Su razón de ser no es creativa. Es meramente comercial. En malos tiempos Marvel cedió derechos fílmicos parciales del personaje a Sony/Columbia. Una de las cláusulas obliga al estudio a producir con cierta periodicidad, so pena de que los derechos se reviertan completamente a Marvel. Por eso, contra viento y marea, nos llega esta “nueva” película. Y espere, en los próximos años más como ella para evitar que todo el súper-efectivo se quede exclusivamente en las arcas del conglomerado de cómics.

Dicho esto, veamos la película que se nos presenta, tratando de abstraernos de su bagaje negativo. Estamos ante la clásica historia de origen, que reproduce disciplinadamente los hitos de la mitología del personaje: la desaparición de los padres, el fatídico piquete de la araña que lo dota de poderes, el aprendizaje de sus nuevas habilidades, y el asesinato del viejo Tío Ben (Martin Sheen) que lo empuja a la lucha por el bien. Surge un indispensable archienemigo. En este caso, es el Dr. Curt Connors (Rhys Ifans), viejo colega de su padre, que por andar jugando con la ciencia se convierte en una gigantesca lagartija mutante.

Mientras la trama se construye con mucho ruido y movimiento, el corazón de la película se lo roba la relación entre Peter y Gwen. Garfield y Stone tienen una química combustible. No sorprenden los reportes de que detrás de cámara, los actores iniciaron una relación. Esta es, quizás, la más emocional de las películas de superhéroes. Hay mucho énfasis dramático en el trauma de abandono del protagonista —primero, por la desaparición de sus padres, luego, la muerte de su figura paternal de repuesto—. Se nota que el corazón del director Marc Webb está en línea con el romance. Si la trilogía de Raimi se comprometía con la esencia caricaturesca del cómic, el nuevo director pone el corazón en primera línea, como una telenovela adolescente con buenos actores. Es Dawson’s Creek con leotardos de lycra y efectos especiales.

Lástima que lo que no tiene que ver con la relación se siente genérico y descuidado. Las largas tomas nocturnas de Spiderman volando entre los edificios de la ciudad son bellamente animadas por computadora, pero el grueso de las escenas de acción son editadas con confusa indiferencia. La subtrama del Dr. Connors se resuelve con torpeza —el cliché del villano parlanchín no mejora si dispensa su discurso por cámara de vídeo—. El Sorprendente Hombre Araña no desbanca a la película anterior. Ojalá les guste, porque van a venir muchas más. Yo preferiría volver a ver la versión de Raimi en DVD, incluso la vilipendiada tercera parte. Ahora que esa trilogía es historia pasada… ¿podremos calificarla de “clásica”?

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