Antonio Martín Guirado
“El pasado nunca se muere, ni siquiera es pasado”, afirmaba en Requiem for a nun William Faulkner, maestro de la narrativa moderna y uno de los reyes de la prosa sureña de Estados Unidos, del que ayer se cumplieron 50 años de su muerte.
Su obra, sin embargo, mantiene plena vigencia. Ganador del premio Nobel de Literatura en 1949 y galardonado con dos Pulitzer ( A Fable , en 1955, y The Reivers , en 1963), Faulkner es considerado uno de los más influyentes escritores de la literatura universal gracias a sus planteamientos sobre la raza y sus descripciones sobre los retos y dilemas que propone la modernidad.
Sus monólogos interiores dentro de una narrativa tan profunda y compleja como suntuosa sirvieron de análisis de las heridas del alma del sur estadounidense tras la Guerra de Secesión, dibujadas gran parte de ellas sobre el ficticio Yoknapatawpha, un territorio inspirado en Misisipi al que denominó su “condado apócrifo”.
En conmemoración del aniversario de su muerte, la universidad de Oxford, en Misisipi, la ciudad donde el autor vivió y cuya residencia llamada Rowan Oak se mantiene como museo, celebra una jornada diseñada para promover la lectura y el conocimiento del legado de Faulkner, que cuenta en su haber con obras como The Sound and The Fury (1929), As I Lay Dying (1930), Sanctuary (1931), Light in August (1932) o Absalom, Absalom! (1936).
El programa, además de exhibir pinturas de su mujer, Estelle, incluirá un maratón de lectura de The Reivers , su última novela, a lo largo de nueve horas, al que seguirán sendas charlas sobre el significado de la vida y obra del autor y un pase de la adaptación cinematográfica de ese libro, protagonizada en 1969 por Steve McQueen.
Hollywood también se quiere asegurar de que el legado de Faulkner se mantiene y de hecho David Milch, el creador de Deadwood, cerró hace meses un acuerdo con los familiares del autor para adaptar varios de sus libros a la televisión y al cine, la industria a la que llegó de joven para ganarse la vida y, sobre todo, costear sus constantes escarceos con el alcohol.
El cine fue su refugio cuando comprobó el escaso éxito de sus obras iniciales y aún como autor de encargo puso su nombre a los guiones de seis películas, cinco de ellas bajo la dirección de Howard Hawks y algunas tan célebres como To Have and Have Not (1944) o The Big Sleep (1946).
Fue su granja en Oxford la que vio sus primeros pasos como autor, incluso antes de que se uniera a la Fuerza Aérea de Canadá durante la Primera Guerra Mundial, una etapa a la que siguieron sus estudios en la universidad de Misisipi y sus primeros trabajos en una librería de Nueva York y en un periódico de Nueva Orleáns.

Durante su carrera se volcó en campos como la poesía, el relato, la novela, el ensayo y el artículo, si bien el reconocimiento universal no le llegó hasta la entrega del Nobel.
Faulkner, uno de los más importantes escritores sureños junto con Mark Twain, Truman Capote, Eudora Welty, Thomas Wolfe o Tennessee Williams, fue también referente para la novela moderna latinoamericana y su trabajo ha sido ensalzado por nombres desde Gabriel García Márquez hasta Jorge Luis Borges, que destacaron su carácter innovador e ilustrador del espíritu humano.
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