Anna Cuenca
Madrid/AFP
Los jugadores de la “Roja” fueron recibidos como héroes ayer en España por una marea de aficionados que se echó a las calles de Madrid para homenajear a su selección tras la histórica victoria de la víspera ante Italia 4-0 en la final de la Eurocopa de futbol.
Allí, uno por uno estrecharon la mano del rey Juan Carlos I, de su hija mayor la infanta Elena, de su hijo el príncipe Felipe y de la esposa de este, la princesa Letizia, bajo la mirada atenta de las dos hijas de los herederos de la corona.
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Sobre un enorme escenario instalado en la céntrica plaza madrileña de Cibeles, los jugadores bailaron, cantaron, se rociaron con litros de champán y compartieron su alegría con los cientos de miles de hinchas que habían esperado durante horas bajo un sol abrasador para festejar con ellos.
“Me siento muy orgulloso de participar en este equipo de leyenda, pero sobre todo me siento muy orgulloso de ver vuestras caras de felicidad”, dijo a los aficionados el centrocampista Andrés Iniesta visiblemente emocionado.
“En estos momentos difíciles, para nosotros es un orgullo veros felices”, lanzó a un país que por un día había olvidado la crisis y la austeridad.

En un autocar descubierto, Iker Casillas, portero y capitán del equipo, y sus compañeros habían paseado el trofeo por las calles de la capital en un recorrido abarrotado de hinchas con los colores españoles pintados en la cara, el pelo o el cuerpo.
Entre la muchedumbre que gritaba “¡Campeones! ¡Campeones! ¡Ohé, ohé, ohé!”, José Abad, de 33 años, transportista desempleado, había acudido a celebrar una victoria con la que, afirmaba, “te libras un poco de las tensiones, de pensar en si tienes trabajo o no” en un país donde un trabajador de cada cuatro está desempleado.
Una horas antes, los futbolistas españoles habían llegado al aeropuerto de Madrid a bordo de un avión adornado con el escudo español y sobre el que se leía: “Orgullosos de nuestra selección”.
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