Edgard Rodríguez
Nada sustituye a la victoria decía el general MacArthur. Y es cierto. Vince Lombardi aderezó la expresión cuando afirmó que ganar no es lo más importante. Es lo único.
¿Se podrá entonces, encontrar detalles positivos en la serie ante Cuba, que acabó con cuatro derrotas y un empate, luego de cinco enfrentamientos en Managua?
Sí los hay. Y el primero que observé en mi caso particular, es que se dio una especie de restauración en la relación entre la Selección pinolera y los fanáticos.
Cada día, la Selección fue alentada por unos fanáticos que además de llegar en un número considerable, lo hicieron con entusiasmo y con orgullo de sus jugadores.
No sé usted, pero yo no había visto tanta gente con camisetas de la Selección. Y después del mal trabajo en el Mundial de Panamá, se percibía cierta indiferencia.
Un segundo aspecto, es que los muchachos jugaron sin complejos. Cuba debió batallar fuerte para ganar. “Ya no se les gana fácilmente”, dijo al diario Granma, Rusney Castillo.
Y a pesar que hubo scores de 9-0, 10-1 y 11-4, también se peleó 2-1 ante un gigantesco lleno el sábado 16. Y luego se dio el empate 1-1 el 23, como fiel reflejo del equilibrio de ambas tropas esos días.
De igual manera, fue alentador descubrir que Álvaro López no está duro ante Madriz o Boaco, sino que hay un salto visible en su picheo. Y lo mismo Berman Espinoza.
¿Qué le pareció Dwight Britton? Hizo de todo y muy bien. Es un jugador en plena madurez. Justo Rivas volvió atacando duro y Jilton Calderón probó que es bateador.
Más allá del resultado 0-4 (ante Cuba, verdad), la serie fue un éxito y se debe seguir trabajando con entusiasmo.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B