Ashley Young es motivado por el coach Gary Neville. Atrás, el técnico Roy Hodgson digiere esta nueva derrota de Inglaterra en cuartos de final. LA PRENSA/AP/Michael Sohn

Sigue la maldición

La Inglaterra de Roy Hodgson, derrotada por Italia (4-2 en penales tras 0-0) ayer en el último duelo de los cuartos de final, se quedó a mitad del camino, mejorando las bajas expectativas con las que llegaba, pero estrellándose, una vez más, en el muro de los cuartos.

Stanislas Touchot/AFP

La Inglaterra de Roy Hodgson, derrotada por Italia (4-2 en penales tras 0-0) ayer en el último duelo de los cuartos de final, se quedó a mitad del camino, mejorando las bajas expectativas con las que llegaba, pero estrellándose, una vez más, en el muro de los cuartos.

Parece una maldición. Desde 1996, en la Eurocopa donde jugó como local, los ingleses no consiguen colarse entre los cuatro mejores de un gran torneo.

En anteriores citas, los Pross llegaban a Eurocopas y Mundiales pletóricos de moral, quizás con demasiada, con la sensación de poder ser campeones, para siempre terminar yéndose con la cabeza baja, ya fuera en cuartos de final (2002, 2004 y 2006) o en octavos (1998, 2010).

Esta vez, los ingleses parecían mucho más humildes y nadie parece esperar mucho de ellos, tras una sucesión de problemas en los últimos meses, empezando por la dimisión de Fabio Capello en febrero y su sustitución por Hodgson, cuando apenas quedaba un mes para el torneo.

Pero lo que más minó la confianza de los hinchas fue la oleada de lesiones, especialmente las de hombres importantes como Frank Lampard y Gareth Barry, dos de las piezas clave del centro del campo.

En el grupo D, los ingleses sorprendieron y acabaron incluso primeros, con siete puntos, tras empatar 1-1 con Francia y ganar 3-2 a Suecia y 1-0 a los coanfitriones ucranianos, pero Italia fue un obstáculo insalvable en los cuartos de final.

A pesar de la eliminación, hay motivos para conceder un margen de confianza a Hodgson, un veterano del futbol, que apenas lleva unas semanas en el cargo y que demostró oficio, pese a que la prensa se reía de él llamándole “Señor Medio”, porque durante gran parte de su carrera dirigió a clubes de la zona media o medio-baja.

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