Juan Vega Gonzales (*)
La liberalización financiera de la última década permitió a las instituciones bancarias internacionales multiplicar por diez los montos de crédito que tradicionalmente manejaban.
Mientras la economía iba bien, se daban más créditos para vivienda, lo que hacía que los precios de las casas siguieran subiendo y las personas podían seguir endeudándose para comprar diversos bienes, dando en garantía sus casas en una espiral cada vez mayor de endeudamiento y consumo.
Los bancos a su vez “empaquetaban” (juntaban varios créditos para vivienda en los denominados “instrumentos derivados de deuda”) y los vendían a inversionistas (fondos de inversión que manejaban entre otros dinero de la jubilación de millones de personas).
El proceso permitió a los bancos y sus principales ejecutivos generar colosales ganancias mientras el esquema pudo seguir funcionando (aumentaban el nivel de endeudamiento de la población del país y generaban mayores utilidades a corto plazo con un riesgo de no pago cada vez mayor).
Para tener una idea de la magnitud del problema, los derivados de deuda con 370 trillones de dólares (a 2007) representan casi siete veces el tamaño del PIB (producto) mundial de 65 trillones de dólares.
En el momento en que los clientes llegaron a niveles de endeudamiento que ya no podían seguir pagando, se disparó la crisis, arrastrando con ella la quiebra de varios bancos, aseguradoras, empresas automotrices, entre otras, y obligando a los gobiernos a salir al rescate de los mismos.
Los gobiernos socializaron las pérdidas emitiendo deuda pública (salvatajes de bancos), que deberá ser pagada con dinero (impuestos) de los contribuyentes por generaciones.
El problema de los indicados salvatajes es que han generado déficits públicos crecientes en Estados Unidos y Europa, que necesitan cubrirse emitiendo masivas cantidades de dinero, generando más presiones inflacionarias y devaluando cada vez más las monedas.
Lo que ocurra con el valor de la moneda afecta a la mayoría de las personas: Ahorristas con un rendimiento menor a la inflación, verán cada año disminuir el valor de sus ahorros.
Los trabajadores tendrán que esperar más años para jubilarse y los jubilados tendrán menor poder adquisitivo. Para mitigar los efectos de la crisis, precisamos despertar la conciencia pública sobre la importancia de masificar la educación financiera como una herramienta real de autoprotección de la población.
(*) Director de Promifin, programa auspiciado por la Cooperación Suiza en América Central ejecutado por TrIodos Facet. [email protected]