“Que venga vacunada contra la rareza, porque entrar a mi mundo suele ser más loco que hablar con Jack Sparrow”, advirtió antes de la entrevista. Y ciertamente, una de las primeras frases que intercambió fue: “Soy loca y me encanta decirlo y creerlo. Mi familia ya se resignó» (ríe).
Detrás de esa “rareza y locura” que asegura tener, me encontré con una mujer cálida, de carácter firme, disciplinada y con una mentalidad moderna. Es fuerte, decidida, feliz y muy sociable.
Elena nació siendo artista. Su primera pintura es la de un gato viendo a la luna. Su papá aún guarda esta y muchas otras obras que hizo de niña.
Era “intelectualoide”. Pasaba largas horas leyendo en su cuarto, incluyendo el diccionario y resolviendo acertijos de las enciclopedias. Disfrutaba hacer rompecabezas, aunque sus rodillas no se salvaron de quedar chimadas un par de veces con los típicos juegos de niños.
Recuerda una infancia feliz, sobre todo cuando pasaba las vacaciones en Estelí con sus abuelos. Ahora está por cumplir 40 años. Una edad que la hace sentir plena, porque afirma que ya puede hacer el balance de lo que ha recorrido por todos estos años, como la mayoría de sus metas cumplidas: su propia casa, carro, una familia unida y trabaja en su pasión, el arte.
“Hay que amar hoy y ser feliz hoy. Hay cuestiones que uno no debe posponer y no podemos pensar todo el tiempo en el futuro sin disfrutar lo que tenemos”, reflexiona.
Elena nació en junio de 1972 y es la segunda de tres hermanos. Según nos cuenta, su hermano menor (14 años menos que ella), fue quien le enseñó a ser mamá. Y de su madre comparte que fue una mujer espléndida.
“El mejor tributo que le puedo hacer a mi madre es tratar de ser la mitad de buena que fue ella. Era ama de casa y aunque tengo conflictos con la sumisión, ella dentro de la domesticidad, que no es lo que nosotras queremos para las mujeres en la actualidad, me enseñó que en ese espacio femenino también se puede estar pleno. Y mi madre era feliz ”.
A Elena le gusta llevar una vida tranquila. No anda con prisa y no tiene mayores preocupaciones. Su enfoque principal es hacer de su hija una mujer feliz e independiente.
SOBREVIVIENTE
A los 23 años, Elena contrajo matrimonio por primera vez. Una relación que la marcaría para toda la vida. El matrimonio duró menos de un año porque sufrió de violencia doméstica.
La primera sorprendida con la situación fue ella, puesto que en su familia siempre reinó el amor.
A Elena le tocó comprender el ciclo de la violencia por sí sola. Fue una experiencia que tuvo que aprender a capitalizar a pesar de la vergüenza, depresión y de lo injusto legalmente que fue su caso.
“Las personas que pasan por esto deben comprender que no podés ser una víctima todo el tiempo. Hay que levantarse, sacudirse y seguir adelante. Las mujeres tienen que buscar ayuda, las comisarías de la mujer sí ayudan. Existen leyes que nos protegen y hay un folleto que explica qué hacer y donde acudir en caso de emergencia. Nada justifica la violencia. No tenemos que vivir con eso”, comparte.
Sin embargo, aunque fue una etapa muy difícil en su vida, Elena sigue creyendo en el amor y en el matrimonio. Pero también está segura de que la felicidad es responsabilidad personal. Aspira tener una relación, pero más a tener paz y tranquilidad.
Amar a pesar de todo
De su segundo matrimonio, y a la vez segundo divorcio, destaca el nacimiento de su hija, el cual afirma fue “un milagro de Dios”. “A mi hija le sobra padre.
Él es un hombre maravilloso”, asegura.

A Ana Sofía, su hija que está a punto de cumplir 11 años, le dedica tiempo de calidad. Le exige excelencia, pero también se lo inculca a través de ejemplos cotidianos, como la vez que entró a un juego en facebook y le prometió que llegaría hasta cierto nivel, no porque le gustara sino porque “uno tiene que comprometerse y terminar lo que empieza”, insta.
La relación madre e hija es muy estrecha. Comparten gustos, actividades como patinar, pintar, leer, escribir poesía y también bailar salsa todos los días.
“Mi hija es lo más lindo que me ha pasado. Ella es la vocecita que me hace levantar con buen ánimo todos los días. Ella es feliz y no le hace falta nada”.
A Elena le gusta más el rock que la salsa, pero aún así le satisface pertenecer al grupo de Cultura Salsera, pues es algo que disfruta al máximo con su hija.
Elena como artista no tiene conflicto alguno. Para ella la figura del ser humano es un objeto de arte, pero aclara que “con esto no digo que la mujer sea un objeto. Las personas se escandalizan por ver una foto artística desnuda, pero no lo hacen cuando ven a los niños pedir en las calles. Eso no les parece inmoral”.
Esta artista afirma que más que un punto de vista personal, es parte de su rebeldía ante la sociedad de “mentalidad estrecha”.
Actualmente, Elena se dedica a la compra y venta de arte. Trabaja en sociedad con Galería Arte y radicada en Costa Rica.
Se encarga de montar ferias y participar en distintas actividades de comercio de arte, pero además representa a algunos artistas en exclusividad. Y así, su vida transcurre entre Miami, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
Pero eso sí, sus viajes los hace los días en que su hija está con su papá. Cuando regresa, su tiempo es totalmente para Ana Sofía, también para jugar pool, leer y seguir escribiendo el libro que algún día publicará.
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