Lucydalia Baca Castellón
Usar la semilla indicada para obtener la mejor cosecha es el sueño de todo productor. Esa idoneidad debe incluir, entre otras cosas, que tolere o se adapte a las plagas propias de la parcela y las condiciones climáticas de la zona. La semilla que posee estas características es la certificada y su uso proporciona cosechas más productivas y uniformes.
Pese a estos beneficios, su uso está restringido a ciertos productos. “Por ejemplo, las 50 mil manzanas de maní, que se cultivan en el país en cada ciclo agrícola, en su totalidad se siembran con semilla certificada que se importa”, indica Álvaro Fiallos, presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG). En cambio, agrega, de los 1.1 millones de manzanas que se destinan al cultivo de granos básicos, solo entre el 12 y el 15 por ciento se siembran con semilla certificada.
Fiallos atribuye el poco uso de este recurso a que es muy caro, ya que se inició hace varios años con semilla importada. Además, en gobiernos anteriores se promovieron programas como el Libra por Libra, que acostumbró al pequeño productor de frijol, maíz y sorgo a recibir la semilla regalada.
177,380 quintales de semilla certificada de frijol, arroz, maíz y sorgo, se producirán con 2,700 quintales de semilla.
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En el caso del cultivo del frijol se pretende que unos 3,500 productores usen el inoculante Rhizobium. Este es un concentrado de bacterias específicas, que aplicado a la semilla antes de sembrarla, mejora el desarrollo del cultivo. Con su uso se espera un incremento de entre cuatro y seis quintales por manzana.
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El dirigente de la UNAG estima que el alto precio de esa semilla, junto con la dependencia establecida por dichos programas crearon un problema cultural, que llevará tiempo erradicar.
GRANOS BÁSICOS CON RECURSOS LIMITADOS
Para Manuel Álvarez, presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), el rezago en el uso de semilla certificada de los productores de granos básicos se debe en gran medida a la disponibilidad de recursos que proporcionan estos productos, frente a los que garantizan productos de exportación como el maní.
Añade que el haberse prohibido el uso de semilla transgénica también ha acentuado el rezago. Álvarez considera que “en aquel momento eso fue acertado, pero ahora es necesario revisar. Revisar no estoy diciendo suspender dicha prohibición y ponernos al día porque en eso estamos muy rezagados”.
El presidente de Upanic considera que todo lo que contribuya a incrementar la productividad sin que avance la frontera agrícola debe ser visto como una opción.
Fiallos y Álvarez confían en que el proyecto Semillas para el Desarrollo, que impulsa la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), rompa este esquema para que en el futuro, quizás unos cinco años, el uso de semilla certificada se amplíe al menos al 50 por ciento del cultivo de granos básicos.
SEMILLA DE CALIDAD
Semillas para el Desarrollo es un programa subregional cuyo objetivo principal es reforzar las políticas de producción de semillas de granos básicos (frijol, maíz, sorgo y arroz). La meta es producir semilla de calidad suficiente para satisfacer las necesidades del plan nacional de producción de granos básicos de cada país. Se desarrolla de forma paralela en toda Centroamérica, Belice y Panamá, explica Juan Bosco Franco, oficial de proyecto de la FAO.
En Nicaragua su costo es de 2.6 millones de dólares y son aportados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Su ejecución está a cargo del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor), a través de la Dirección General de Protección y Sanidad Agropecuaria (DGPSA) con la asistencia técnica de la FAO.
El proyecto inició en el 2010 y está previsto que concluya en el 2013. Se desarrolla a través de varios ejes de trabajo. Uno de ellos está referido al mejoramiento de la infraestructura, equipamiento y fortalecimiento del capital humano del Centro Nacional de Investigación Agrícola y Biotecnología (CNIAB), que produce la semilla básica a partir de la semilla de polinización libre.
La semilla básica se entrega a empresas semilleristas para ser reproducida y convertirse en semilla registrada y luego en semilla certificada. Dichas empresas se formaron al agrupar en 30 cooperativas a 5,687 pequeños productores de Las Segovias, Jinotega, Matagalpa, Siuna y Nueva Guinea.
Para garantizar la sostenibilidad y subsistencia de las cooperativas semilleristas, el programa incluye un componente de desarrollo empresarial, dirigido a fortalecer sus capacidades administrativas, financieras, productivas y de comercio.
La meta del programa Semillas para el Desarrollo, que impulsa la FAO, es promover la producción de semilla certificada entre los pequeños productores.
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