Hace 14 años el corazón soledoso de Carlos Martínez Rivas dejó de latir. Claudia Gordillo a través de su lente, captó hace muchos años el ingenio de cómo el poeta gesticulaba a la hora de leer sus versos. La prensa/cortesía de Claudia Gordillo.

Canastas

ESAS mujeres viejas y voluminosasque pasan ida y vuelta todos los díastemprano y al oscurecer, amontonadasen el depósito trasero de camiones,entre grandes canastas llenas y vacías;las reconozco.

Carlos Martínez Rivas

ESAS mujeres viejas y voluminosas

que pasan ida y vuelta todos los días

temprano y al oscurecer, amontonadas

en el depósito trasero de camiones,

entre grandes canastas llenas y vacías;

las reconozco.

Esas mujeres fueron niñas. Niñas de rodillas

puntudas y renegridas, que yo pude haber visto.

Sí, que de seguro vi pasar,

allá por los mil novecientos treintisiete,

con la pasión mórbida de la infancia.

Pasión que pierdes una vez y ya no recuperas.

Esas mujeres —te decía— que veo pasar

temprano y al oscurecer de ida y de vuelta

entre canastas llenas y vacías;

igual ahora hasta de morir antes que nazcan,

no conocerán de la vida más que eso:

el bregar diario que despierta antes

que sus párpados, desgarrándoles el sueño.

Las madrugadas implacables. Los traseros

de camiones. Las eternas canastas.

Altamira

marz 1986

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